Cultura, Cine y Literatura

José Luis Garci: «El cine es la cara de John Wayne»

José Luis Garci, el cineasta español más clásico 

José Luis Garci lleva en la sangre el estilo de realización de los grandes directores del cine clásico de Hollywood

Fotografía cedida por Filmoteca Española. Fotógrafo Nacho López

El cine me ha permitido salir de mi realidad para sumergirme en otra completamente diferente. Una buena película me puede provocar emociones ajenas, incluso sin tener que haberlas vivido en carne propia. Por esto y mucho más, le debo al séptimo arte todo lo que soy, y su particular manera de contar historias me ha inspirado para hacerlo.

En el cine clásico de Hollywood los directores sabían dónde tenían que colocar la cámara para provocar ciertos efectos o sugerir determinados estados de ánimo a los espectadores. Un estilo de realización que José Luis Garci domina a la perfección. Lo lleva en la sangre y se refleja en todos sus trabajos. José Luis Garci siempre va a ser recordado por ser el primer cineasta español en ganar el Premio Óscar por una producción en lengua española en la categoría de mejor película de habla no inglesa por Volver a empezar (1982). Un valor que nadie le va a poder quitar a este admirador impetuoso del cine en todas sus dimensiones. Sus películas me han hecho experimentar un sinfín de emociones: amor, dolor, alegría, tristeza y, sobre todo, nostalgia. Porque nadie ha retratado el encanto de los buenos tiempos en el cine español mejor que él.

El cine es una expresión artística en la cual se transmiten una serie de emociones e ideas que llegan al espectador mediante narraciones que, en la mayoría de los casos, le crean un sentimiento de identificación, ya que se puede ver el reflejo de la vida cotidiana que estamos viviendo, además de permitirnos viajar a otros mundos. Nos concede el don de adentrarnos en lugares que nos sumergen en aventuras míticas y maravillosas. ¿Quién no recuerda películas extraordinarias que atesoramos en nuestra mente y en nuestro corazón y que, por unas horas, nos han convertido en las personas más felices del mundo? El cine nos permite disfrutar en la gran pantalla de directores, actores y actrices, entre otros muchos profesionales que se dedican a esta profesión, que dan vida a películas inolvidables, que guardamos para siempre en nuestra mente y en nuestro corazón.

José Luis Garci siempre va a ser recordado por ser el primer cineasta español en ganar el Premio Óscar por una producción en lengua española en la categoría de mejor película de habla no inglesa por Volver a empezar (1982)

Fotografía cedida por Filmoteca Española. Fotógrafo Nacho López

Una de esas películas es Volver a empezar, una película dirigida por José Luis Garci en 1981, estrenada en 1982, y ambientada en Gijón, que mezcla a la perfección la nostalgia del pasado con las raíces del melodrama. Como suele pasar habitualmente en España, en un primer momento, esta obra maestra fue repudiada por la crítica. La destrozaron sin piedad. No tuvieron ningún tipo de miramientos con ella. Sin embargo, en Estados Unidos la recibieron con los brazos abiertos llegando a conseguir el Premio Óscar a la mejor película en habla no inglesa, un galardón que hasta entonces no había ganado ninguna producción española. Este reconocimiento la elevó a los altares en nuestro país, consiguiendo un éxito de taquilla impresionante. 

Con esta película José Luis Garci abandona el creciente desencanto que supone para él la transición (Asignatura pendiente, Solos en la madrugada y Las verdes praderas) y el más puro cine negro de corte estadounidense (El crack). Volver a empezar no pretende contar solamente una historia de amor entre un hombre y una mujer que están cerca de la tercera edad, sino también hablar sobre el valor de la amistad y las ganas de vivir. Este canto a la vida elude cualquier tema que pueda volverse polémico y artificial. José Luis la rodó con la mirada diáfana que le otorga su sabiduría cinematográfica. Volver a empezar es una película tan buena que uno podría tomar cualquier escena y desmontarla hasta llegar al más mínimo gesto de los personajes. Una película para que el espectador la vea con la sensación de que va a vivir un momento inolvidable. Una historia para recobrar la ilusión perdida por un amor imposible, que nos otorga el poder de encontrar la felicidad en las cosas más sencillas que nos regala la vida. Porque José Luis Garci, además de ser un cineasta impresionante, es uno de los mejores escritores y guionistas que tenemos en nuestro país.

Volver a empezar está repleta de esperanza y energía. El cineasta madrileño se la dedicó a la generación más significativa, resignada y tolerante que ha tenido la España contemporánea: la de aquellos que fueron jóvenes en los años treinta y que en 1982 todavía estaban aquí, rebosando amor, llenos de ímpetu, enfocándose en lo positivo, con un crisol emocional inmenso llamado ternura y una confianza en la vida inquebrantable, que eran los valores fundamentales en ese momento para volver a empezar de nuevo.

Aunque el cine de José Luis Garci es un cine ortodoxo la influencia del Hollywood dorado es evidente en todas sus obras. Esta pasión desmedida que siente por los clásicos hace que todas sus películas alcancen una magnitud insólita y un encanto singular. El ritmo pausado e invisible que le imprime a sus trabajos (como ha definido el gran escritor y analista de cine Fernando Alonso Barahona en incontables ocasiones) me ha permitido saborear con más detenimiento muchas de las secuencias que me han acompañado desde mi adolescencia: la escena del atraco al bar en El crack, la larga conversación entre Antonio Ferrandis y José Bódalo en Volver a empezar, el momento en que don Rodrigo de Arista Potestad, conde de Albrit, señor de Jerusa y de Polán (Fernando Fernán Gómez) ajusta las cuentas a aquellos que pretenden apartarlo de la vida pública y, con engaños, internarlo en un convento o cuando Juan Diego deja constancia de nuevo en You are the one (Una historia de entonces) de que este país no ha cambiado tanto en setenta años.

El cine de José Luis Garci es un cine ortodoxo donde la influencia del Hollywood dorado y su pasón por los clásicos es evidente en todas sus obras.

Aunque El crack es mi película favorita de José Luis Garci, me gustaría destacar dentro de su filmografía Canción de cuna, tal vez el más personal de todos los proyectos que ha puesto en marcha junto a Volver a empezar, porque fue la primera película española en el Festival de Cine de Sundance, elegida personalmente por el propio fundador, Robert Redford. El famoso actor, director y productor estadounidense vio en ella una forma de hacer cine ya acabada, la de los años cuarenta, cuando el cine clásico de Hollywood estaba en su mayor momento de esplendor. Canción de cuna es una auténtica joya del cine español, tanto desde el punto de vista de la puesta en escena como de la dirección de actores. No es una película de acción, sino de emoción y sentimientos, de creación de atmósferas (el color vainilla de los hábitos de las monjas me parece delicioso). Y es que, al fin y al cabo, lo que nos cuenta es una historia de mujeres que no pueden ser madres, aunque la vida les ofrece la posibilidad de serlo.

El escritor Fernando Sánchez Dragó ha tenido la amabilidad de enviarme estas líneas en homenaje a su amigo: «El cine de José Luis Garci es cine norteamericano puro. Y todas las películas de Garci lo son. Pero no te olvides de que Garci, además de ser un gran cineasta, es un gran escritor. Escribe de una forma extraordinariamente bien y, además, de una manera muy amena y atractiva. Es un gran escritor. Aunque haya tocado también temas que son muy españoles como en El abuelo, aunque en realidad es un tema muy universal, o Tiovivo c. 1950, José Luis sigue siendo muy norteamericano. La trilogía de El crack es puro cine negro de Hollywood. Eso es Humphrey Bogart. Garci además de ser un gran cineasta, es un gran cineasta norteamericano. El cine que hace Garci es norteamericano. El cine que hace Garci es de un estilo indudablemente norteamericano. Como lo es hasta la empuñadura la película suya que más me gusta que es You’re the One (Una historia de entonces)».

José Luis Garci durante la grabación del exitoso programa de radio Cowboys de medianoche (esRadio)

Si 2021 ha sido un gran año profesional para José Luis Garci, 2022 tampoco se está quedando atrás. Hasta el momento ha sido galardonado con el premio especial en los III Premios Cinemasmusic 2022, organizados por Juan Ramón López, en Albacete; Gijón, la tierra natal de su padre, le ha rendido un emotivo homenaje a su persona y a Volver a empezar coincidiendo con el cua­ren­ta aniver­sa­rio del es­treno del pri­mer lar­go­me­tra­je es­pa­ñol que ga­nó el Premio Óscar a la mejor película en lengua no inglesa; y como colofón, el pasado dos de mayo le concedieron la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid. 

En la actualidad, José Luis sigue participando en el programa de radio Cowboys de medianoche (esRadio), junto a Luis Herrero, Eduardo Torres-Dulce y Luis Alberto de Cuenca y escribiendo sus célebres Telegramas cinéfilos para ABC Cultural. Desde el pasado 12 de noviembre de 2021 presenta Classics, un programa para que los espectadores se deleiten con algunos de los clásicos de la historia del cine, analizados minuciosamente por un grupo de prestigiosos expertos para volver a enamorarnos de las obras maestras del cine.

Le «robé» una hora y cuarto de su valioso tiempo para hablar principalmente sobre todo lo que rodea al fascinante mundo del cine, ese asombroso ferrocarril de imágenes que tiene su motivo y fundamento en el cine clásico de Hollywood, como he dicho en tantas ocasiones y lo seguiré repitiendo hasta la saciedad.

Esta vez no me he atrevido a preguntarle a José Luis sobre los valores y competencias que transmiten sus películas, porque cuando la gente le habla sobre estos temas se pierde, ya que les suenan a algo muy importante.

Entrevista a José Luis Garci con motivo del final de la primera temporada de Classics y la publicación de su último libro: Telegramas cinéfilos (Reino de Cordelia, 2022)

José Luis Garci posando con el Premio Óscar que acababa de ganar por Volver a empezar en 1983

Había quedado en entrevistar a José Luis Garci a las 19:00 horas y le llamé por teléfono a esa hora, ni un minuto más ni un minuto menos. «Puntualidad británica como se suele decir por ahí. Aquí te estoy esperando», fue lo primero que me dijo. Le di las gracias por haberme concedido esta entrevista y la enhorabuena por el éxito que ha conseguido con Classics, Cowboys de medianoche y sus últimos libros. «Gracias a gente como tú que lo estáis moviendo», me contestó muy amablemente.  En realidad, cualquier proyecto televisivo, radiofónico o literario relacionado con José Luis Garci se vende solo. Sus libros, las Sagradas Escrituras para muchos cinéfilos, suelen estar en las listas de los más solicitados.

En esta entrevista hemos hablado, entre otras muchas cosas, sobre la primera y segunda temporada de Classics, el 40 aniversario del estreno de Volver a empezar (1982), las otras tres veces que ha estado nominado al Premio Óscar a la mejor película en lengua no inglesa, los últimos libros que ha publicado, sus próximos proyectos literarios y también sobre mi director y actor de cine favoritos. Una conversación imprescindible para los numerosos admiradores que tiene nuestro cineasta español más clásico que comenzó con un «cuando quieras empezamos, Juanma».

P. ¿Te esperabas el éxito que ha tenido la primera temporada de Classics?

R. La verdad es que nunca he visto las audiencias de los programas. Tampoco me interesó verlas cuando me hicieron una especie de entrevista al acabar la primera temporada de Classics. Nunca me preocupo por saber cuánto ha hecho de audiencia una determinada película. Si lo haces empiezas a entrar en una cosa de las audiencias y te acabas volviendo loco. No sé si el programa ha tenido éxito. Sin embargo, considero que es bueno que siga otra temporada más. Classics va a seguir y ya estoy buscando películas clásicas en color y en blanco y negro para la temporada que viene. Creo que un programa de este tipo se va haciendo poco a poco, gracias a que la gente se va enganchando de un año para otro, tanto la gente más joven como tú que lo estás promocionando. El público ya está empezando a decir: «Me gusta mucho esta película de John Wayne» o «me gusta mucho esta película de Paul Newman o de Fredric March». Y luego las chicas todavía mucho más. Pero no le doy muchas vueltas a este asunto. Te habrás dado cuenta de que ahora en las televisiones están de moda las películas de tu admirado John Wayne.

P. Días de cine clásico (La 2 de TVE) está emitiendo un ciclo dedicado a John Ford y John Wayne, la dupla más icónica de director y actor en el cine, al menos para mí. Ya se han emitido Misión de audaces, Centauros del desierto y El hombre que mató a Liberty Valance. Y la semana que viene se emite La conquista del Oeste. Sé que Misión de audaces es una película que te encanta. ¿Por qué está considerada una obra menor cuando es una obra maestra y uno de los filmes más antimilitaristas que he visto en la gran pantalla?

R. Misión de audaces es una de las grandes maravillas de John Ford, lo mismo que La taberna del irlandés. Dos películas que siguen estando infravaloradas por una parte de la crítica y del público. 

P. A mí La taberna del irlandés me gusta menos. Y eso que tiene tres o cuatro escenas que se pueden incluir entre lo mejor que ha rodado John Ford en toda su carrera: la costumbre que tienen John Wayne y Lee Marvin de retarse a puñetazos, las tumultuosas peleas de bar tan propias de este cineasta, cuando la puritana y distante Elizabeth Allen intenta conservar su dignidad en todo momento, pero confunde babor con estribor y cae al mar mientras John Wayne intenta ayudarla a bajar del barco que la ha llevado hasta la isla, cuando practica esquí acuático y se enfunda en un ridículo bañador de aspecto decimonónico con falda y gorrito. Sin embargo, cuando se desprende de él para nadar hasta la costa aparece una mujer escultural con una belleza nada vulgar…

R. A mí me gusta mucho La taberna del irlandés porque es una visión nueva de El hombre tranquilo. De alguna manera tiene algo que ver con ella. Misión de audaces, El hombre que mató a Liberty Valance… Cualquier película que cojas de John Ford tiene algo que la hace especial. 

Cualquier película de John Ford tiene algo especial para José Luis Garci

P. ¿Qué me puedes decir de Centauros del desierto?

R. Centauros del desierto es una de las películas más influyentes de la historia del cine. Como digo en un texto que escribí para ABC Cultural titulado Ethan Edwards: una interpretación, Centauros del desierto, de John Ford, es un wéstern de una belleza extraordinaria. Una obra oscura, misteriosa, sensible y dura. Asimismo he dicho muchas veces que Centauros del desierto es la primera película que se ha rodado en Marte, porque posee el aspecto que muchos de nosotros creemos que tiene este planeta por las fotografías que nos han llegado. Y es una maravilla ver a esos tipos cabalgando por ese planeta enrojecido. Supongo que habrás leído  mi hipótesis de trabajo de que la chica raptada por los comanches es la hija de John Wayne.

R. Yo siempre lo tuve claro desde la primera vez que vi Centauros del desierto por la forma en que la que la coge en brazos al principio de la película. Un gesto que se repetirá casi al final, cuando Ethan Edwards consigue redimir una parte de sus pecados.

R. Desde aquella primera vez que la vi en el Cine Callao siempre he creído que Debbie, la niña de nueve años raptada por los comanches, no es la sobrina de Ethan, sino su hija, y que tanto él como la madre, Martha (la esposa de su hermano Aaron), siguen amándose incluso más que cuando se conocieron. Pienso que al quedarse Martha embarazada de él, Ethan decidió, antes que pelearse con su hermano, y, posiblemente, verse en la obligación de matarle, abandonar el rancho, desaparecer, irse, quitarse de allí por lo que pudiera pasar. Primero se va a la Guerra de Secesión, donde peleó en el bando perdedor (los secesionistas de los Estados Confederados) y al terminar este conflicto bélico, no descarto en absoluto que estuviera deambulando por el lado oscuro. Es probable que robara algunos bancos en la frontera mexicana. Su hermano siempre sospechó de esta relación entre los dos.

Cuando parece que John Wayne va a matar a su sobrina, la coge otra vez entre sus brazos y y se acuerda de ese momento que ocurre al principio de la película. Al final la deja en ese hogar que nunca ha podido ser el suyo. Se larga y la deja en una nueva casa con gente querida. Él no puede quedarse allí, porque Ethan es, como he dicho en multitud de ocasiones, un fantasma que se aleja otra vez en busca de la aventura, de la soledad. Su verdadero hogar es el Monument Valley, no pertenece a ningún sitio. A mí, al igual que tú, me gusta mucho John Wayne. Y al resto de los cowboys también les encanta. John Wayne es uno de los actores favoritos de Eduardo Torres-Dulce, pero también de Luis Alberto de Cuenca.  

Centauros del desierto, de John Ford, es un wéstern de una belleza extraordinaria. Una obra oscura, misteriosa, sensible y dura, que José Luis Garci considera la primera película que se ha rodado en Marte

P. ¿Va a haber algunos cambios en la segunda temporada de Classics o seguirá la misma línea que la anterior?

R. Decía don José Isbert que cuando conseguía un éxito en el teatro no había que cambiar ni la moqueta. Con Classics va a pasar igual. Seguramente haga algunos pequeños retoques, pero como está funcionando seguirá casi todo igual. Repetiremos la misma fórmula: alternaremos una película en color con otra en blanco y negro, contaremos con los mismos invitados y hablaremos por los codos de la película en el debate. A muchos espectadores les parece corto el coloquio. Pero date cuenta que son unos cuarenta y tantos minutos de coloquio. Sigo pensando que esa es la duración ideal. 

La única innovación que me gustaría hacer en el programa es la de emitir una película muda después de la película principal. Cuando nos tengamos que despedir les diremos a la gente que se quede a continuación para verla. Me gustaría poner alguna película muda de Charles Chaplin, Buster Keaton, Ernst Lubitsch o Fritz Lang para que el público acostumbrado a ver cine clásico sonoro se vaya habituando con detenimiento a ver películas mudas, que también son extraordinarias. Quiero hacer una especie de presentación de este estilo cuando finalice el debate: «No se vayan ustedes cuando nosotros acabemos el programa, porque se va a emitir, por ejemplo, La quimera del oro». De esta forma verían la emoción y el humor con el que se filmaba en 1925. Ese sensación que transmitían las películas mudas de Lubitsch como El abanico de Lady Windermere o El príncipe estudiante. O cualquier otra película perteneciente a ese periodo. Me gustaría poner media docena de películas mudas para que, como te he dicho antes, el público se vaya acostumbrando a esta etapa. Y si hay una tercera temporada de Classics arriesgarme a emitir películas mudas como Amanecer, de Murnau, en horario de máxima audiencia.

La única innovación que le gustaría hacer a José Luis en Classics es la de emitir una película muda, como La quimera del oro (19259, de Charles Chaplin, después de la película principal.

P. ¿Nos puedes adelantar algunas de las películas que se van a emitir en la segunda temporada de Classics? ¿Sigues queriendo empezar con Vértigo, de Alfred Hitchcock?

R. Quiero empezar la segunda temporada con Vértigo, de Alfred Hitchcock, porque está considerada por la revista Sight & Sound del Instituto Británico de Cine (BFI), que una vez cada década pide la opinión de un extenso grupo de importantes críticos de todo el planeta, como la mejor película de la historia del cine. La primera la empezamos con Ciudadano Kane, una película que estuvo encabezando esta lista durante muchas décadas. Además, la cabecera del programa es la música que compuso Bernard Herrmann para Vértigo. Durante muchas décadas la mejor película de la historia del cine para la crítica era Ciudadano Kane y luego ocupó su puesto Vértigo. Ahora tengo la sensación, cuando salga la próxima lista en octubre, que va a ser El padrino o La trilogía de El Padrino. Una gente votará a El padrino, otra a El padrino II y otra a la trilogía entera. Al final me da la sensación de que El padrino es la película que más votos va a sacar. Si no sale El padrino va a estar muy cerca del primer puesto. Igual me equivoco y sale una película de Jean-Luc Godard, porque en la última votación de las primeras 25 películas había varias del director francés.

La segunda temporada de Classics va a comenzar con Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, la mejor película de la historia del cine para la revista Sight & Sound

Hay gente nueva votando, sucede que los gustos de las nuevas generaciones son completamente distintos a los nuestros, lo cual está muy bien. Ten en cuenta, Juanma, que cuando se publicó la primera encuesta en el año 1952 ganó El ladrón de bicicletas como la mejor película para la crítica internacional del cine. Y ya en 1962 salió Ciudadano Kane, que estuvo hasta 2012, cuando Vértigo le quitó el primer puesto. La mayoría de la gente que votó en los años 50 prácticamente ya no existe. Resulta bastante curioso que en las primeras listas había muchas películas mudas. Después fueron desapareciendo en beneficio de películas de Jean Renoir o Orson Welles. Probablemente estará una película tan importante como Centauros del desierto entre las ocho o diez mejores. No quiero aventurar lo que va a votar la gente joven. Me resultaría muy complicado. Ten en cuenta que Cadena perpetua está puesta la número uno en la lista IMDb Top 250, que recoge las mejores obras cinematográficas de todos los tiempos según sus usuarios. Porque es otra generación la que vota. No es la generación que votaba hace unos años. La gente más joven tiene otras preferencias distintas a las nuestras. Si juntamos las preferencias actuales (los más jóvenes) con las anteriores (gente más madura) sigo pensando que va a ganar El padrino, señor de la Poza. Aunque puedo estar equivocado. Pero si no queda la primera seguro que estará entre los diez primeros puestos. Ya veremos…

P. ¿Nos puedes dar un pequeño adelanto sobre las primeras películas que se van a emitir en la segunda temporada de Classics?

R. Te puedo decir las que tenemos confirmadas, que son las tres o cuatro primeras que vamos a emitir. Como te he dicho antes, empezaríamos con Vértigo, luego seguiríamos con una película en blanco y negro de Robert Wise que es estupenda y se titula Marcado por el odio, interpretada por Paul Newman, que trata sobre la vida del boxeador de los pesos medios Rocky Graziano. Y luego me gustaría emitir otra película en color, pero como no tenemos todavía los derechos no te puedo decir el título. Y una cuarta película, en blanco y negro, que sería, por ejemplo, Al rojo vivo, de Raoul Walsh. 

No te puedo anticipar mucho más porque he entregado una lista de 500 películas, de las cuales doscientas y pico son en blanco y negro y las otras en color. Trece ya está trabajando en ello. Siempre y cuando no haya problemas. Una televisión de aquí puede tener los derechos de una película determinada y no se puede poner durante unos meses, los derechos de otras películas pertenecen a una televisión regional o a una televisión internacional. No te creas que es tan fácil el tema de la programación, es muy complicado. Mucho más difícil de lo que parece.

Marcado por el odio (1956), de Robert Wise, es una de las películas que se van a emitir en la segunda temporada de Classisc

P. ¿Qué características tiene que tener una película para considerarse un clásico?

R. Para mí un clásico es una película que cuando llego de la calle, enciendo la televisión y veo que la están emitiendo, me quedó a verla y no me separo de la pantalla ni para cenar ni para nada. Si hace falta ceno viéndola o prefiero tomarme un bocadillo para no perdérmela. Me ha pasado muchas veces con El golpe, la película protagonizada por Paul Newman. Empiezo a verla y no me despego de la televisión en ningún momento. Para mí eso es un clásico. 
Un clásico es la película que está abierta a cualquier tipo de sensibilidades. La película que era clásica en los años 30 sigue siendo clásica en los años 60. Incluso sigue siendo clásica en un nuevo siglo, a principios del siglo XXI. Porque se acopla a cada tiempo, a la sensibilidad de cada persona que la ve, a cualquier moda, cualquier costumbre. Es como cuando lees El Quijote. La novela te va a gustar porque entras en un mundo donde predomina el sentido del humor, la ironía e incluso la melancolía. Eso mismo pasa con las películas. Estás cenando, pones Ser o no ser y no puedes apartar la vista de la pantalla. Esa forma de atraparte y succionarte es lo que yo considero que es un clásico. Un clásico puede pertenecer a cualquier género cinematográfico. Un clásico puede ser un wéstern, una película de terror, una película de serie B, incluso una película de ciencia ficción como La humanidad en peligro o un melodrama. También un musical o una superproducción. Da igual al género que pertenezca, lo más importante es que te atrape.

P. Vamos a hacer un breve repaso sobre el director, con permiso de Fritz Lang, y el actor protagonista de los que más películas se han emitido en la primera temporada de Classics. ¿Por qué sigue siendo tan importante John Ford en la historia del cine?

R. Creo que John Ford tiene la misma importancia en el cine como la que tuvo Di Stéfano en el fútbol. John Ford es el Shakespeare del cine, un personaje del teatro isabelino. Algunas de sus películas se parecen bastante a muchas obras de Shakespeare. Ves El hombre tranquilo y te das cuenta enseguida de que es una comedia que hubiera escrito don Guillermo. John Ford es un hombre del siglo XIX que hace cine en el siglo XX. De la misma manera que yo soy un hombre del siglo XX, pero todavía estoy en el siglo XXI. Su manera de ser educado, las costumbres de su infancia… Todo esto se transmite en su obra. John Ford es un hombre sentimental, un gran lector y todas sus películas son la historia de un amor perdido. Ahí hay algo que le ha marcado en su vida. Esa especie de tinte nostálgico que tiene su obra es irrepetible. Cuando la gente decía en los cineclubes que era fascista (yo lo he vivido en primera persona debido a mi edad) siempre les respondía que estaban equivocados. Una cosa es que le guste el ejército y le encante ver como una columna de la caballería cruza un río y cómo se pone el sol mientras van cruzando por la línea del horizonte (algo bellísimo) y otra bien distinta es que sea un fascista por ese motivo. Eso es La Ilíada, eso es Homero, eso es la épica, eso es fantástico. Todo esto fue terrible para mí hasta que, poco a poco, la gente se fue dando cuenta de que no tenía nada de fascista. Pero le ha pasado a otros muchos directores. No solo a John Ford. Recuerdo que trataban igual de mal a Billy Wilder porque la mayoría de sus películas tenían mucho éxito. Como era un hombre que tenía mucho éxito no le consideraban un creador. Y había muchas discusiones al respecto.

Es una de las pocas cosas en esta vida que ya puedo decir después de llevar tantos años en este negocio. Puedo decirte que cuando era niño estaba fascinado por el cine clásico de Hollywood. No es que no me gustaran otras películas como las francesas, las italianas, las inglesas o las españolas, que también eran muy buenas. Sin embargo, para mí el cine de Hollywood era el cine español. No era cine extranjero. Para mí el cine extranjero era una película alemana o francesa. Consideraba que Vinieron las lluvias o Al rojo vivo eran películas españolas. Mi madre se murió creyendo que Spencer Tracy hablaba como tú y como yo. Las estrellas eran tan famosas e importantes en nuestras vidas que si un día Spencer Tracy hubiera llamado a la puerta de mi casa mi padre le hubiese dejado entrar y le hubiera dicho: «¡Hombre, Pepe! ¿Has comido? ¿Quieres una copa? ¿Quieres un café?». Eso era el cine de Hollywood para nosotros. 

Luego estaba lo del doblaje. Como sabes eso fue un mal asunto para mí, ya que me hubiera gustado ver esas películas en versión original y subtituladas para oír las voces originales de las grandes estrellas. Y eso que el doblaje español era bastante bueno en esa época y tenía voces muy características. Por ejemplo, Rafael Luis Calvo era Clark Gable, John Wayne, Spencer Tracy y Stewart Granger. Cada uno de los actores clásicos tenía su voz más o menos asignada, pero no era lo mismo.

P. ¿Qué periodo abarca el cine clásico de Hollywood?

R. El cine clásico de Hollywood abarca desde 1925 hasta 1972, con la última obra clásica que es El padrino, de Francis Ford Coppola. Cuando hablo de clásico también lo hago de los estudios. Como bien sabes El padrino es una película de estudio. Producida por Paramount Pictures, con Robert Evans, Albert S. Ruddy y toda esa gente que tenían alrededor. Hay un trabajo impresionante detrás de ellos: de arquitectura escénica, de levantar los decorados, de ambientación prodigiosa en las calles de Nueva York de mitad del siglo XX. No es una película de Francis Ford Coppola, como mucha gente piensa erróneamente. No es una película de un solo creador, sino una película de estudio. Se puede considerar la última gran película que hace Paramount como estudio. Para hacer Titanic se tuvieron que unir dos estudios: Paramount Pictures y 20th Century Fox. Solo de esa manera consiguieron sacarla adelante. A partir de El padrino el cine comienza a cambiar. Aunque un par de décadas antes ya se empezó a vislumbrar este cambio cuando se inventó el cinemascope y el cine relieve 3D para luchar contra la televisión. Pudimos disfrutar del cinerama, que se estrena en todas las ciudades con grandes documentales como Esto es cinerama o Cinerama Holiday. Pero ya no era el mismo tipo de cine al que estaba acostumbrado.

El cine clásico va, poco a poco, desapareciendo y sale otra manera de entender el cine con la ruptura que supuso en la narrativa cinematográfica tradicional la aparición de la Nouvelle vague en Francia. En ese momento el director se convierte en la estrella. Algo que nunca hubieran soñado que les iba a ocurrir en su vida a John Ford, Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Raoul Walsh o William Willer. El director se transforma en alguien muy importante para la cultura. Como si fuera un decorador como Alvar Aalto, un pintor como Picasso o un músico de jazz como John Coltrane. Cuando aparecen Jean-Luc Godard, François Truffaut, Louis Malle y todos estos, los directores se transforman en verdaderos autores. Me parece increíble el prestigio que adquiere ser director de cine. De la noche a la mañana salen 200 directores nuevos que hicieron 200 películas nuevas. Después quedaron los nombres demuy pocos de ellos escritos en la historia del cine. 

Para José Luis Garci el cine clásico de Hollywood abarca desde 1925 hasta 1972, con la última obra clásica que es El padrino, de Francis Ford Coppola.

Ahí vino una manera nueva de hacer cine. Se acabaron los estudios. Dijeron que había que sacar la cámara a la calle. ¿Eso para qué lo quiero? A mí me gusta ver cine para que me cuenten una historia. Encima cambian el exterior noche por un interior día. Los guionistas dejaron de estar tan cotizados, porque cualquier director era guionista. ¡Con lo difícil que es escribir! Pero todo el mundo escribía y dirigía a la vez. El cine se convirtió en algo completamente distinto. Apenas lo reconocía.

La Nouvelle vague se extendió por toda Europa. Aparece el Free Cinema en Inglaterra, el nuevo cine español, que fue muy bueno, tan bueno como otros movimientos cinematográficos, el nuevo cine checoslovaco, el nuevo cine polaco, el nuevo cine italiano… que también eran estupendos. Aquí salió gente como Basilio Martín Patino con Nueve cartas a Berta, La tía Tula, de Miguel Picazo, Carlos Saura… y entonces se acabó el cine tal y como lo conocíamos.

Luego viene el otro golpe ideal, como yo lo suelo llamar, cuando se inventan los reproductores de vídeo. A partir de ese momento las películas que antes estaban en las televisiones de todo el mundo pasan a los videoclubes. Después ya viene el último golpe que es la tercera pantalla (siempre he dicho que no ha habido ningún problema entre ellas).  La primera pantalla es la que yo llamo la sábana santa. La utilizaron todos los expresionistas alemanes como Friedrich Wilhelm Murnau, Fritz Lang o Georg Wilhelm Pabst. Después los pioneros de Hollywood como John Ford con El caballo de hierro comenzaron a utilizarla. La sábana santa es nuestra pantalla de siempre. Después llegó una pantalla de cristal que es la televisión, que también estaba muy bien. Porque, aunque siendo más pequeña, nuestra mente se acopla a la perfección a las 25 pulgadas. Y sigues viendo la película porque tu cerebro es el que está conectado. Llegó un momento en el que volvimos a ver las miles de películas que habíamos visto anteriormente en el cine. Las revisamos otra vez gracias a la televisión. Más tarde, la televisión nos echó una mano e hizo derechos de antena en muchos países para que la gente rodara películas.

Y por fin llegó la tercera pantalla, la táctil, la que tienes en el ordenador, un dispositivo electrónico que yo no tengo, la que tienes en el teléfono móvil, otro dispositivo portátil que tampoco tengo, la que tienes en el reloj. Y con esa también se puede ver cine. Ves a la gente dentro del metro viendo Ciudadano Kane o El hombre que mató a Liberty Valance. Las tres pantallas cohabitan absolutamente en libertad y muy bien. ¿Cuál va a ser el futuro? Sabemos que el futuro es el cine en casa o el cine fuera de casa, o sea viajando. Pero creo que va a haber algún otro cambio y no es difícil imaginarlo. Aunque vivimos en el presente, con esto de la inteligencia artificial cada uno de nosotros va a ser un poco portador de cine. 

Cuando era un chaval decíamos en Cine Estudio Antonio Giménez-Rico, Ángel Llorente, Pedro Lozano y yo que si fuéramos ricos como los de Hollywood tendríamos un cine en casa. Pensábamos tener un salón para los invitados. Naturalmente una cabina de proyección con un proyeccionista. Luego llegó el vídeo y aquellos vídeos 2000 o los VHS. ¿Para qué nos hacía falta tener una sala? Ahora echo de menos todo eso porque los DVD van a tener los días contados. Vas a llegar a tu casa y dirás: «Buenas noches, Alexa. Ponme esta noche El hombre que mató a Liberty Valance en versión original subtitulada en español». «A qué hora quieres verla, cariño». «Pónmela a las 10:30 horas». Y cualquier película de la historia del cine estará metida en un dispositivo de estas características. Si quieres ver Perdición, de Billy Wilder, otro día ocurrirá lo mismo. Eso es el futuro inmediato. Al otro al que me refiero es más difícil de entender. Quizá acabemos siendo mitad cine mitad persona que cuente historias. La inteligencia artificial va a ser la mitad de nosotros. Se va a dar un salto tan grande como el que vivimos hace muchos miles de años cuando éramos prácticamente monos y de repente una chispa de inteligencia hizo que nos pusiéramos de pie. Empezamos a construir casas, descubrimos el fuego, comenzamos a fundar ciudades, a pintar en las cuevas, a dibujar… El mono se quedó ahí y nosotros empezamos a evolucionar dando ese salto. ¿Cómo será este otro salto? Pues igual. Aunque seremos medio hombre y medio máquina almacenadora de cultura y de cosas buenas. Todo esto que te estoy contando te parecerá un disparate, Juanma. Ja, ja, ja.

P. En absoluto, José Luis, yo me dedico a las nuevas tecnologías y he estudiado bastante sobre nuevas tecnologías. Por eso sé perfectamente de lo que estás hablando. 

R. No sabía que te dedicabas a estos disparates. Ja, ja, ja.

P. Estamos inmersos en la Cuarta Revolución Industrial o industria 4.0 que va a estar marcada por el desarrollo de la inteligencia artificial como gran referencia. La inteligencia artificial es una combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano. Una tecnología que todavía le resulta lejana y misteriosa a muchísima gente, pero dentro de unos años va a estar presente en nuestro día a día a todas horas. Va a ser algo imparable.

R. No sé si te acordarás de las leyes de Asimov que decían que un robot nunca debe dañar o matar a un humano y que debe obedecer siempre las órdenes de su creador.

John Wayne es el actor que más veces aparece como protagonista en la primera temporada de Classics

P. Volviendo a repasar la lista de todas las películas que ha emitido Classics durante su primera temporada da la casualidad de que el actor que más veces aparece como protagonista, con cuatro películas, es John Wayne. Seguramente sea la estrella de cine clásico de la que más se habla en las redes sociales. ¿Qué tenía el Duque para ser durante 25 años el número uno en Hollywood?  

R. John Wayne transmitía verdad, honestidad, integridad. Era una persona a la que le podías comprar el famoso coche usado porque no te iba a engañar. Era un tipo de una pieza, leal, honesto. Eso solo lo transmiten una serie de actores tan estupendos como Cary Grant o Humphrey Bogart. La cara de estos actores es el cine. La cara de John Wayne es el cine. La cara de Humphrey Bogart es el cine. Todos estos actores estaban dotados para cualquier tipo de trabajo. John Wayne era un tipo de más de un metro noventa y tantos que cogía un rifle como yo cogía una pistola que me hacía con las pinzas de la ropa en el momento aquel que tiene en Valor de ley en que coge el revólver con una mano, el rifle con la otra, las riendas con la boca y arremete contra los hombres que iba buscando. Esa imagen es para la eternidad, para la aventura, para la épica.

A mí John Wayne siempre me ha gustado mucho como actor. Puede que me haya fijado más en otro tipo de intérpretes como Jean Gavin o Spencer Tracy y me haya olvidado un poco de esta clase de actores que también eran extraordinarios. ¡Es que John Wayne es muy bueno! ¡Es que Victor Mature es muy bueno! ¡Es que Humphrey Bogart es muy bueno! Nunca se extralimitaron interpretando sus papeles. 

John Wayne tiene una cosa muy curiosa y es que de alguna manera deja que seas tú el que ponga la intención de la emoción en su rostro. Hay momentos en El hombre que mató a Liberty Valance en los que se aprecia un gesto de dolor, que pocas veces se suele ver en el cine, cuando alguien ha perdido a la mujer que ama. Hay un momento increíble en El hombre que mató a Liberty Valance, el de la patada, cuando dice: «Ese era mi filete, Valance». Este instante es impresionante, un momento de alto voltaje en la historia del cine. Ya sabes que a mí me gusta muchísimo la primera mitad de Centauros del desierto.

R. Recuerdo perfectamente cuando dijiste en ¡Qué grande es el cine! que la primera hora de Centauros del desierto era lo mejor que se había rodado nunca en la historia del cine.

R. Y lo sigo manteniendo, Juanma. La mejor hora que se ha rodado jamás en la historia del cine está en Centauros del desierto. De todas formas, como película completa yo tendría mis dudas entre El hombre que mató a Liberty Valance, que me gusta muchísimo, o ¡Qué verde era mi valle!, que me parece extraordinaria. Hay momentos inolvidables en esta última película como cuando el niño está haciéndose oír por el padre porque se han ido sus hermanos. Me resulta impresionante la cantidad de talento que hay en esa puesta en escena tan sencilla. El caballo de hierro, La diligencia, El hombre tranquilo, la trilogía de la caballería, Escrito bajo el sol… todas estas películas de John Ford son formidables. 

P. ¿Cuál es para ti la mejor película de John Ford?

R. Es muy difícil elegir solo una de ellas porque todas las películas de John Ford son la mejor película de John Ford. En un momento u otro consideras cuando la ves que es la mejor película de las que rodó.  

John Ford tenía una conexión especial con John Wayne, que es evidente en todas las películas que rodaron juntos, desde ese plano que está fuera de foco que sirve para presentar al personaje que interpreta John Wayne en La diligencia. Cuando Ringo Kid para la diligencia es un momento histórico, aunque le sale mal al camarógrafo. Lo ves y dices: «¡Menudo actor!». Cuando Ford le ve en Río Rojo, de Howard Hawks, un cineasta de igual tamaño que él, se da cuenta enseguida de que está sensacional. Otra de las películas de mi vida es Río Bravo. No se puede estar mejor en una película que John Wayne en Río Bravo

Rio Bravo (1959), de Howard Hawks, es una de las 15 películas favoritas de José Luis Garci

P. Río Bravo era la película favorita de mi padre y también le gustaba mucho El Álamo. 

R. Tu padre tenía buen gusto. Yo la he votado entre las quince películas de mi vida. En esa lista está Río Bravo. Porque Río Bravo tiene de todo, Río Bravo es una comedia, un wéstern, una historia sobre la amistad, una historia de amor, una historia violenta, una historia sobre la lealtad y el compromiso. La escena de la escupidera es genial. Cuando el sheriff se mete por medio para que el borracho no recoja una moneda de una escupidera. Intenta sacarle de esa situación tan ridícula y se lo paga dándole un golpe en la cabeza. Me resulta muy bonito ver a esos cuatro tíos en las cuatro paredes de una celda y se ponen a cantar de repente My Rifle, my Pony and me. Esto es lo que estaba buscando, salvando las distancias, la Nouvelle vague. Este es el cine de verdad. 

P. Río Bravo no solo tuvo un éxito extraordinario en Estados Unidos, en Europa, incluso en Japón, arrasó en las taquillas.  

R. Supongo que seré de la edad de tu padre. Vi Río Bravo por primera vez en 1959 (estaba estudiando el Preu) cuando se estrenó en el Cine Palacio de la Prensa. Fue la primera de las muchas veces que la he visto y sigo viéndola porque, además de ser un clásico, la ponen con bastante frecuencia en la televisión: en Telemadrid, en La 2 de TVE… Nosotros la hemos emitido en esta primera temporada en Classics. Es una película que te engancha y ya no la puedes dejar de ver. Es algo que solo tienen los clásicos.

Volviendo a John Wayne, creo que es uno de los mejores actores que ha dado el cine, una de las más grandes estrellas que ha dado el cine y una de las mayores personalidades que ha dado el cine. Lo tiene todo. Tiene algo especial que todavía sigue atrapando a los espectadores actuales. Para muchos estadounidenses es un personaje tan importante como Abraham Lincoln. 

P. Una vez en una votación sobre los estadounidenses más famosos de la historia quedó segundo, solamente por detrás de Abraham Lincoln.

R. No lo sabía. Su importancia en la historia del cine es incuestionable. Otro actor muy querido es Gregory Peck por su interpretación de Atticus Finch en Matar a un ruiseñor, donde interpreta a un personaje maravilloso: un abogado tolerante. Gregory Peck era otro gran actor. Hay muchos actores que nos han alegrado la vida. Y ahora voy a hablar de las actrices. Todas, sin excepción, eran maravillosas. Katherine Hepburn, Bette Davis, Barbara Stanwyck… Carole Lombard era una auténtica reina de la comedia, tenía un sentido del humor muy irónico. En Ser o no ser está espléndida. Es una pena que muriera en un accidente aéreo en el mejor momento de su carrera profesional. Vivian Leigh en Lo que el viento se llevó estaba genial, verdaderamente excepcional, era imposible superarla, nadie lo hubiera hecho tan bien como ella. Irene Dunne está maravillosa en la primera versión de Tú y yo. Hay muchas actrices que me gustan. Deborah Kerr me encanta, más allá de que haya escrito un libro sobre ella. 

Irene Dunne, una de las actrices favoritas de José Luis Garci

P. Con motivo de su 40 aniversario, los III Premios Cinemasmusic, creados por Juan Ramón López, emitieron Volver a empezar. La estuve viendo por enésima vez y te confieso que estuve a punto de llorar en un par de ocasiones. Y eso que antes de ganar el Óscar fue tu primer fracaso comercial, ya que a los espectadores de entonces no les gustó en un primer momento. ¿Qué sentiste cuando el público le dio la espalda a la película?  

R. Venía de estrenar cuatro películas que habían tenido mucho éxito y de golpe y porrazo se acabó la racha. Asignatura pendiente fue un éxito tremendo. Solos en la madrugada también lo hizo muy bien en taquilla. Las verdes praderas tuvo un éxito bastante aceptable, lo mismo que El crack. Entonces hago mi primera película como productor con José María González Sinde y pinchamos. Algo que no nos esperábamos ninguno de los dos porque Volver a empezar es una película estupenda. En la actualidad, cada vez le gusta más a la gente, principalmente a la clase media. Volver a empezar, como bien dices, fue un fracaso sin paliativos. A pesar de estrenarla en una fecha estupenda, en un cine magnífico de Madrid como era el Cine Coliseum, en el Cine de la Comedia de Barcelona, otro cine fantástico. Pero la película no funcionó en un primer momento. Cuando fue elegida por la industria del cine español para representar a España para disputar el Premio Óscar a la mejor película en lengua extranjera, luego nominada por la Academia y al final le dieron el Óscar, cuando se repuso la película tuvo un éxito espectacular. En aquellos momentos empezó a recaudar una cantidad enorme de dinero.

En 2022 se han cumplido 40 años del estreno de Volver a empezar, la película más famosa de José Luis Garci

P. ¿Por qué Volver a empezar sigue entusiasmando al público actual?

R. No tengo ni idea. Me parece que soy un poco impostor cuando hablo de esta película. En el momento que llegas a mi edad te vas dando cuenta de que, no porque la película sea muy buena o porque sea un chico muy listo, ha habido mucha gente que me ha estado animando, que me ha ayudado, que me ha empujado en los comienzos de mi carrera profesional. Gente con la que he colaborado en multitud de ocasiones y me ha aportado cosas estupendas. En concreto, Volver a empezar marca el inicio de mi larga colaboración con Gil Parrondo, un director artístico que hizo unos decorados asombrosos. Tanto es así que algunas personas creían que había un hostal en Covadonga y era un decorado hecho en Madrid. Estaban mis amigos el director de fotografía Manolo Rojas y el cámara Ricardo Navarrete. Por no hablar de de los actores: Antonio Ferrandis, Encarna Paso, José Bódalo, Agustín González… Creo recordar que solo quedamos el montador Miguelito González (Miguel González Sinde) de todos los que participamos en esta película. Como no hay nadie te propias tú del éxito y no es justo. 

Volver a empezar es una película muy particular, muy personal. Está dedicada a mi padre no por casualidad sino porque hay muchas cosas relacionadas con su vida. Varios detalles de mi vida familiar y los quise poner en la película. Siempre he dicho que Volver a empezar es un homenaje a una generación como la de mi padre o la de Antonio Ferrandis u otra gente que sale en la película. Yo la llamo una generación interrumpida. A esa generación interrumpida está dedicada la película. La guerra les partió en dos. Gente que iba a ser un buen pintor, un buen músico, un buen arquitecto, un buen escritor y se quedaron en nada. Algunos se quedaron aquí, otros fueron al exilio y otros acabaron en campos de concentración como le pasó al protagonista, Antonio Miguel Albajara.

Recuerdo haberla hecho con un gran cariño. Volví a una parte de mi infancia, ya que pasaba muchos veranos en Gijón porque era la ciudad donde había nacido mi padre. Recuerdo que había ido al estreno de El crack a Oviedo y a Gijón. Estrenamos simultáneamente en los dos sitios. Ya sabes que en España la gente si es del Oviedo no puede ser del Sporting. Y si eres del Sporting no puedes ser del Oviedo. Cosas raras que sigo sin entender. Porque para ese tipo de cosas siempre he sido una persona muy especial. Creo que soy el único que ha sido elegido por unanimidad hijo adoptivo de Oviedo y de Gijón. Y eso es muy difícil de conseguir. Recuerdo que estaba con Alfredo Landa y le dije que me iba a ir un momento a Gijón porque quería echar un vistazo por esa zona. Cogí un taxi, hay 29 kilómetros de Oviedo a Gijón,  y como dicen con mala leche los de Oviedo a 29 km, playa. Ja, ja, ja. Era un día muy bonito, el nivel del mar había subido y desemboqué en una calle. ¡Boom! Me di de bruces con la playa de San Lorenzo y La Escalerona. Sentí algo espiritual como si de pronto vinieran a mi mente una oleada de los recuerdos de mi infancia, principalmente el olor de los barquillos con miel de la playa. Pensé lo bonito que sería rodar una película aquí. Después de El crack pensé en esa película y se lo dije a un amigo mío de la revista Cinestudio, Ángel Llorente, que después llegó a dirigir una película antes de fallecer. Mira Angelito se me ha ocurrido una película que narra el regreso del escritor Antonio Miguel Albajara, premio Nobel de Literatura, a su ciudad natal, Gijón, después de cuarenta años de ausencia, pasados en Estados Unidos como profesor de Literatura Medieval, en busca de su primer amor. Está muy enfermo de cáncer. La historia tiene referencias de un personaje real que existió en Gijón, un gran poeta desconocido que murió en Francia a finales de los años cuarenta. Me dijo: «Estupendo. Si quieres empezamos ya a trabajar».

Ya solo quedo yo y me estoy quedando con todos los premios del 40 aniversario. Suelo decir muchas veces: Si no eres un idiota, y yo creo que no lo soy en un grado alto, te vas dando cuenta de que que los premios que recibes a estas alturas no son premios individuales, sino premios colectivos. Te los dan a ti porque la otra gente ya no está. Lo dije el otro día cuando me dieron la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid: ha sido mucha gente la que me ha traído en volandas hasta aquí. Ocurre lo mismo con el programa de cine. No lo hago yo solo. Lo hago con unos colaboradores estupendos, gente fenomenal que va porque les gusta el cine y no por las cuatro perras que les dan. Están por amor al cine no por otra cosa. Me gusta que la gente lea los libros que escribo y que compartan conmigo la emoción del cine, algo que es muy difícil de entender ahora para mucha gente. Porque para mí ir al cine cuando era un chaval era más importante que ir a Marte. Incluso tres días antes ya estaba pensando qué película iba a ir a ver. Si era Sansón y Dalila, de Cecil B. DeMille, o Quo Vadis. Si iba a ir a verla a este cine o a este otro. En todo caso, lo que más me gustaba era charlar con los amigos y amigas del colegio (fui a un colegio mixto de chicos y chicas) sobre la película que habíamos visto. Eso es lo que yo quiero transmitir un poco, esa especie de temblor que supone el cine.

Volver a empezar ha cumplido 40 años. Como dice el tango que 20 años no es nada imagínate 40. Han pasado tantos años que ya no queda casi nadie de los que hicimos esa película. Recuerdo muy bien el rodaje: cuando rodamos en Covadonga, cuando rodamos en la ciudad de Gijón, en los sitios de al lado… Recuerdo que con Gil Parrondo tuve una buena sintonía desde el principio. Gil Parrondo ha sido una persona importantísima en mi vida. El premio Mariano de Cavia me lo dieron por el artículo Hollywood Gil, publicado en el diario ABC el 26 de diciembre de 2016, con motivo de su muerte. Ya había escrito otro artículo sobre él cuando cumplió 90 años. Recuerdo cuando le dije a Gil Parrondo en la escena donde Antonio Ferrandis le confiesa a José Bódalo que está muy mal, le enseña el diagnóstico y le dice: «¿Qué pasa ya no sabes inglés» que había que hacerla en un decorado. Todo lo que habíamos visto era muy bonito, incluso esa suite que nos habían dejado. Pero sentía que necesitaba el decorado. Así que nos llevamos los cuadros del Sporting de los viejos jugadores, que lógicamente íbamos a devolver. Necesito que la amueblemos de verdad con un tresillo estupendo como los chésteres de las películas inglesas. Esta escena hay que cuidarla mucho. Y él dijo: «Estoy de acuerdo contigo». Hicimos un decorado precioso en Cinearte y cuando terminó una de las primeras veces que rodamos los primeros planos generales de esa escena todo el equipo aplaudió 

P. La secuencia de Antonio Ferrandis y José Bódalo junto a la chimenea es impresionante. Me vas a permitir que piense que es la mejor secuencia interpretativa de la historia del cine español y una de las grandes escenas que he visto en toda mi vida.

R. Seguramente, porque el texto está muy bien,  los actores están estupendos, la planificación es sencilla, nada de poner la cámara en el suelo punto de vista del perro (no hay ningún perro). La escena es muy bonita porque cuando el otro dice « joder, los chicos de ahora son mejores que nosotros. Ese alto, Maceda, es fenomenal y el otro es internacional con Argentina». «¿Cuánto tiempo me queda?». «Pues, hombre, no lo sé». Todo ese mundo está muy bien ensayado y lo habíamos ensayado días y días. Además tuve la suerte de que Antonio Ferrandis y José Bódalo eran amigos y se querían mucho de verdad. Habían trabajado juntos en el Teatro María Guerrero con José Luis Alonso durante varias temporadas. Y todo eso te va haciendo cuerpo en la película. Recuerdo que montamos esa escena y bajamos a verla en pantalla grande de la moviola. Solo estábamos tres personas: el montador, Miguel González Sinde, Amparo Roces, la ayudante de montaje, y yo. La escena estaba montada con la música, el Canon de Johann Pachelbel. Y Amparito Roca va y dice: «Esta secuencia se merece un Óscar». Todavía recuerdo sus palabras. ¡Qué visionaria fuiste Amparo! Tenía razón, esa escena nos trajo un Óscar.

Volver a empezar es una película que no para de ganar adeptos todos los años

P. ¿Es verdad que estabas convencido de que ibas a ganar el Óscar la noche de la entrega de premios celebrada el 11 de abril de 1983?

R. Absolutamente. Pero con bastante tiempo de antelación. Por una razón muy sencilla: diez días antes me llama por teléfono Enrique Herreros y me dice textualmente «Oye, Jose, o yo ya no sé nada de cine o la película la van a nominar porque ha terminado un pase y toda  la gente se ha puesto en pie a aplaudirla. Y eso ocurre pocas veces». La película francesa Coup de Torchón, de Bertrand Tavernier, también estaba gustando mucho. Pero las mayores ovaciones se las estaba llevando Volver a empezar. Entonces la nominaron y me fui dos meses y pico a Hollywood con Enrique. Efectivamente, cada pase que dábamos la gente la aplaudía. Hablé con Robert Wise y mucha más gente a la que le estaba gustando la película. Hablaba con diez personas y ocho me decían que la iban a votar. Algunos te mienten porque les ves la cara de compromiso. Pero cuando les haces una encuesta a ciento y pico personas y ochenta dicen que te van a votar empiezas a tomarte todo esto en serio. En la gala tenía a Encarna Paso a mi lado y al otro lado estaba Pilar Miró. Estaba tan seguro de que iba a ganar que le dije a Encarna: «Sujétame el programa que voy a recoger el premio». «¡Cállate! ¡No digas eso que trae mala suerte», me contestó Encarna. Entonces Luise Rainer pronuncia con entusiasmo el nombre de la película ganadora: Volver a empezar (José Luis imita la voz de la actriz alemana). Y subí a recoger el premio. He estado nominado cuatro veces y en las otras tres ocasiones estaba seguro que no lo iba a ganar ni con Sesión continua ni con Asignatura aprobada ni siquiera con El abuelo.

P. Para mí El abuelo era la mejor película de las cinco que estaban nominadas en la 71.ª edición de los Óscar.

R. Pero competimos con La vida es bella. Era el año de La vida es bella. ¿Recuerdas el final de estsa película? Cuando el niño escucha un ruido y para su asombroso ve doblar la esquina un inmenso tanque del ejército estadounidense que se detiene justo delante de él. Cuando veo un pase de La vida es bella y contemplo al niño delante del tanque enseguida me doy cuenta de que era imbatible, era imposible vencerla. El abuelo era muy buena. El rival a batir era El abuelo. Eso lo sabía el director, Roberto Benigni, un tipo que me pareció muy agradable y simpático. Nos llevamos muy bien. Incluso cenamos varias veces juntos.

P. Con Sesión continua no tuviste mucha competencia y al final se llevó el galardón La diagonal del loco, una película que refleja la Guerra Fría en una partida de ajedrez.

R. Con Sesión continua estaba absolutamente convencido de que no íbamos a ganar el premio. De todas formas, La diagonal del loco nos ganó por muy poco margen. Según Enrique Herreros perdimos por un voto. Le dijeron que la película española había perdido por un solo voto. Te aseguro, Juanma, que en las otras tres veces que me nominaron estaba muy tranquilo porque sabía que no iba a ganar. La última vez, con El abuelo, estaba sentado con Fernando Fernán Gómez, el que era entonces ministro de Cultura, Mariano Rajoy, y en la misma fila estaba el director general de Televisión Española, Pío Cabanillas. Delante de nosotros estaban los de Estación central de Brasil, que pensaban que iban a ganar el premio.

P. Seguramente los representantes de Estación central de Brasil pensaban que iban a ganar el Premio Óscar a la mejor película en lengua extranjera porque habían ganado el Globo de Oro en la misma categoría, un galardón al que no estuvieron nominados ni El abuelo ni La vida es bella

R. Es que nunca nos hemos presentado. No sabíamos cómo participar en los Globos de Oro. No teníamos ni idea de cómo participar. Nunca han seleccionado ninguna de mis películas por ese motivo. Los Globos de Oro los entregan unos señores que no conozco de nada, aunque sé que pertenecen a la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood. Ni El abuelo ni La vida es bella estuvieron nominados a los Globos de Oro ese año.

Walter Salles, el director de Estación central de Brasil, estaba delante de mí con el niño protagonista de la película (Vinicius de Oliveira) diciéndole a todo el mundo: «Vamos a ganar». «Vamos a ganar». Y le dije: «Walter dile que no vais a ganar porque se va a llevar un disgusto tremendo». Efectivamente, ganó La vida es bella, la película que todo el mundo daba como favorita.

P. Otro año hubiera ganado fácilmente El abuelo porque es muy buena.

R. Sí. Pero Sophia Loren gritó el nombre de Roberto. Y el niño de Estación central de Brasil se puso a llorar con un desconsuelo increíble. Fue el año del polémico Óscar Honorífico que le dieron a Elia Kazan.

P. El crack es la película favorita de la gran mayoría de los seguidores que tengo. A mí también es tu obra que más me gusta, aunque Canción de cuna y El abuelo, por poner solo dos ejemplos, también son obras maestras. ¿Qué tiene este filme para que nos siga gustando tanto? 

R. No te lo sabría explicar el motivo exacto, aunque esta película tiene algo especial porque en las votaciones del programa Historia de nuestro cine quedó en segundo lugar detrás de Los santos inocentes en la lista de las mejores películas españolas de la historia votadas por los telespectadores. Se situó por encima de películas como El verdugo, Plácido o Viridiana.

R. ¿Qué otra anécdota te gustaría destacar de las cuatro veces que has estado nominado al Premio Óscar?

R. Después de ganar el Óscar por Volver a empezar, las otras tres veces que he vuelto a estar nominado estaba sentado en mi butaca con una tranquilidad pasmosa. Recuerdo la decepción tan grande que se llevó Louis Malle en 1988. Encajó muy mal la derrota. Estaba completamente convencido de que iba a ganar por Adiós, muchachos. Yo estaba nominado aquel año por Asignatura aprobada. Ganó contra todo pronóstico El festín de Babette, de Gabriel Axel. No nos lo esperábamos nadie. Fue una sorpresa tremenda. Louis Malle y su mujer, Candice Bergen, la protagonista de El viento y el león estaban sentados a mi lado. Delante de mí estaba Vittorio Storaro y al lado de él estaba Gabriel Axel, que me dijo que había estado por la mañana en Disneylandia. También estaba nominada La familia, de Ettore Scola, que contaba con una interpretación estupenda de Vittorio Gassman. Estaba seguro que iba a ganar la favorita: Adiós, muchachos. Louis Malle se enfadó tanto, que se levantó y se fue, dejando a su mujer sola. No fue ni a la cena que se da después de la entrega de premios. Estuve sentado en la cena con su mujer. 

P. Es normal que Louis Malle cogiera ese rebote porque todas las cosas de apuestas le daban como ganador.

Películas malas e infravalorados (Notorious Ediciones, 2020) es uno de los grandes éxitos editoriales de José Luis Garci

P. La última vez que hablamos estaba a punto de ver la luz Películas malas e infravalorados (Notorious Ediciones, 2020). Una vez que has repasado el libro, ¿te has dejado alguna película, director, actor u actriz en el tintero? 

R. ¡Por supuesto! ¡Claro! Tenía que haber metido a esta película, a este director, a este actor, a esta actriz. Es normal que siempre se te olvide alguien en este tipo de obras . Te voy a dar una exclusiva: ahora mismo estoy empezando a escribir otro libro. Te voy a dar hasta el título: en teoría se va a llamar Recursos. Los recursos son esas cosas que se hacen en el cine cuando has terminado de filmar una secuencia. Solemos meter algún recurso que nos suele servir cuando se nos ha olvidado algo, como un plano de la mano de ella con el anillo o un inserto más grande. Los recursos nos muestran aspectos o detalles de dónde transcurre la acción. Son nuestro mejor aliado en el montaje, aunque no suelen formar parte de la acción principal. También puede mostrar algunas características de los personajes o de cualquier cosa que nos ayude a contar la historia, aunque no forma parte directa de los planos que necesito para contar esa historia. Estoy escribiendo un libro que puede ser un disparate, bastante extraño, para Notorious Ediciones. No obstante, a Guillermo Balmori y Enrique Alegrete esto no les importa porque confían en mí y me han dicho que escriba lo que quiera. 

También estoy preparando otro libro para Reino de Cordelia. Les voy a dar las crónicas deportivas que escribí durante los años 90 hasta bien entrado el año 2000 para ABC. Durante ese periodo de tiempo  hice cuatro mundiales, cuatro europeos y una olimpiada. Va a consistir en una selección de crónicas como las que hacían los escritores norteamericanos o Manuel Alcántara y Antonio Valencia en España. Seguro que el libro queda bien porque son muy amenas. Al final de lo que menos se habla es de fútbol. Se habla mucho más de cine, de pintura, de países, de cuadros… 

Lo de Recursos es la primera vez que lo digo en público. Quiero hacer un libro sobre cosas de cine, relámpagos de cine. 

El toque Lubitsch y otros roces cinematográficos (Reino de Cordelia, 2021) es una obra muy amena y sencilla de leer

P. Después publicaste El toque Lubitsch y otros roces cinematográficos (Reino de Cordelia, 2021). ¿Me puedes explicar brevemente en qué consiste el toque Lubitsch por si todavía hay alguien que no haya leído el libro?  

R. El toque Lubitsch y otros roces cinematográficos es un libro con un contenido muy entretenido, muy fácil de leer, que, salvando las distancias, se bebe como se suele decir. Mi querida Noemí Guillermo ha escrito un prólogo muy bonito que se llama El toque Garci. Me ha gustado mucho la expresión «el toque Garci». El toque Lubitsch es un misterio, puede ser una frase inesperada, porque es muy difícil de definir. Nosotros tenemos una expresión que no existe en ningún idioma que es un poco el toque Lubitsch: esa cosa tiene duende, ese tiene ángel.  El toque Lubitsch es algo que sale por el lado que tú no esperas. Lo lógico es que pienses que va a salir algo gracioso. Pero él busca lo contrario y te desarma. 

Ves en una cena a tres personas que están muy disgustadas. Ella cree que el marido sabe que está liada con el amante, el amante también lo piensa y está preocupado y el marido todavía no sospecha nada. La escena transcurre en la cocina y vamos viendo cómo los criados van diciendo que no le hacen ningún caso a la sopa ni la señora ni el invitado. En cambio, el señor le ha hecho honores. La carne, el segundo plato, ni la han troceado, está solo pinchada. En cambio, el señor ha hecho buen uso de ella. Cómo se puede contar eso tan bien, con qué talento nos explica la situación de lo que está pasando en la mesa sin verlo. O ese toque Lubitsch maravilloso que hay en Ángel cuando él le compra un ramo de flores a una florista muy mayor en la oscuridad del parque. Cuando llega ella ya se ha ido. Se oye como él tira el ramo, pero la escena no acaba ahí. Luego llega la viejecita florista y vuelve a cogerlas para vendérselas a otra persona. 

El toque Lubitsch es la emoción, el encanto, la sorpresa, lo inesperado, la ironía… Es muy complicado explicarlo. Algo de él lo ha heredado Billy Wilder, su discípulo más aventajado. Lo suelo apreciar en Avanti! (¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?). Creo que es la película de Billy Wilder donde el toque Lubitsch está más presente. Eduardo Torres-Dulce y otros amigos míos dicen que Ariane es la película más Lubitsch de Wilder. Puede que por el argumento, pero no por los toques. El toque Lubitsch lo puedes encontrar en la escena de Avanti! cuando están esperando el cadáver en el tanatorio, todo es gris hasta que de repente abren una ventana y entra la luz del Mediterráneo. Se les iluminan las caras y la película cambia por completo. Se vuelve una comedia alegre, los protagonistas empiezan a hablar de sus padres de otra manera. Lo usé en Canción de cuna. Abrí todo y lo inundé de luz.

Lo que el viento se llevó: un recuerdo, un comentario (Notorious Ediciones, 2021) es la obra más personal de José Luis Garci hasta el momento

P. ¿Puede ser Lo que el viento se llevó: un recuerdo, un comentario (Notorious Ediciones, 2021) tu libro más personal?

R. La primera mitad, sí. Sin duda alguna. La segunda parte también es bastante personal porque creo en lo que digo. El otro día le di el libro a Enrique Rueda, uno de los que salen en él, antes de venirme a Málaga. Todo lo que sale en el libro es absolutamente cierto: cuento cuándo se reestrena, dónde la vimos, dónde fuimos antes y después de verla, describo al gerente del cine, que me extrañó que le dijera a mi padre que si se podían tutear… Todas esas cosas que se te quedan marcadas de niño. Que uno tiene una nube en un ojo… En lo que te fijas cuando eres un chico de siete años. Ahí no hay nada inventado. Todo es real. He tratado de contar de la mejor manera posible cómo fue aquel domingo en el que vi Lo que el viento se llevó. Esto no lo recuerdo pero mi padre siempre me decía que yo al salir del cine le dije muy serio: «¡Oye, papá! Lo del technicolor es más bonito que el arcoiris». Eso siempre me lo contaba mi padre. Ja, ja, ja. Como yo siempre cuento que mi hija me dijo un día: «Papá van a poner ahora en la tele una película que se llama Sudan». Y era Sudán. Ja, ja, ja.

P. ¿Sobre qué otra película te gustaría escribir un libro de estas características?

R. No lo sé. Nunca sé de lo que voy a escribir hasta que me pongo manos a la obra. Eso surge solo. Te voy a dar otra especie de exclusiva: Estoy dándole vueltas a hacer un autorretrato mío en cine. Conozco muchas biografías y autobiografías de gente del cine. Autorretratos de Rembrandt y de todos los pintores. Hasta mi padre se hizo un autorretrato. Pero quiero realizar un autorretrato cinematográfico, por supuesto en mi menor. No recuerdo haber visto ninguno todavía. Donde hable de mí, de mi barrio, de los cines de mi barrio, de las películas mías, de las que no son mías, de todo lo que me ha influido… No sé lo que va a salir de ahí, aunque ya estoy trabajando en ello. Me voy a encontrar con muchos problemas porque hay que buscar una documentación que ya no existe. Empezaré el autorretrato  diciendo que nací en Madrid, en la calle Álvarez, en el barrio de Salamanca, que estaba llena de cines… Pero esos cines ya no existen. Habrá que ver si hay fotos de esos cines para ilustrar el libro mientras hablo sobre ellos. Tendré que improvisar mucho. Estoy tomando muchas notas y será un autorretrato mío, un autorretrato de lo que soy yo para que te hagas una idea. Y ya sabes más cosas que nadie. Ja, ja, ja.

En Deborah (Notorious Ediciones, 2021) José Luis Garci repasa con Deborah Kerr toda su filmografía

P. En Deborah (Notorious Ediciones, 2021) Deborah Kerr repasa contigo cada una de sus películas. Una entrevista mítica para la que has escrito un prólogo nuevo. ¿Qué destacarías de Deborah Kerr como actriz y persona? 

R. Que era buena persona y buena actriz. Dos cosas que no van siempre juntas.

P. ¿Cuál es la interpretación de ella que más te gusta?   

R. A mí me gusta mucho en Tú y yo. Y me gusta muchísimo en aquella que hizo con Robert Mitchum, Solo Dios lo sabe, en la que interpreta a una monja que está con él en una isla desierta. En Narciso negro también me gusta mucho y en casi todos los papeles por los que mereció haber ganado el Óscar. En Mesas separadas está estupenda, realiza una interpretación extraordinaria. Esa es la interpretación que más le gustaba a su marido, mi querido amigo Peter Viertel.

P. Tres vidas errantes, una apología grata de la vida en sociedad, que hemos tenido la suerte de verla en Classics

R. En Tres vidas errantes estaba fantástica. Cómo se desnuda esa mujer delante del marido, con qué erotismo y confianza. Cómo van del brazo uno del otro. Eso es el amor de un matrimonio plasmado de una manera extraordinaria en una película.

P. ¿A qué otro director, actor u actriz de cine clásico te hubiera gustado entrevistar?

R. A Billy Wilder porque he estado con él en cinco ocasiones. Estuvimos juntos en tres de las comidas que nos daba la Academia a los nominados. Estuve con él en la cena que le dio el American Filme Institute. Incluso tengo guardada de recuerdo la silla de director que nos dieron a cada uno de los asistentes. Lego volvimos a coincidir en el homenaje a Jack Lemmon. También me hubiera gustado entrevistar a Lubitsch para que me diera un curso durante un tiempo, donde hubiera explicado los misterios de la planificación. Porque, como decía Lubitsch, se puede rodar desde todos los puntos de vista, pero solo hay uno que es el bueno y ese es el que hay que elegir. 

Y, por supuesto, a John Ford. He copia muchas cosas de él como el dar vueltas y vueltas por el decorado. De esa forma es  como se te ocurren las escenas, los planos, dando vueltas y vueltas por el decorado. Y luego ensayando mucho. Yo siempre he ensayado mucho. Creo que de las 19 películas que he rodado, 14 han sido en decorados. A lo Hollywood, en plató, en estudio (también soy defensor del doblaje por encima del sonido directo). He rodado en la calle, pero se pone a llover y tienes que cubrir la cámara y meterte en un portal.

Esto no es ningún secreto: sí he sido nominado cuatro veces al Óscar es porque mi manera de hacer cine es clásica. Por desgracia no he ido a una escuela de cine. Me hubiera gustado mucho ir, pero salía del banco a las 19:00 horas. He aprendido cine viendo las películas clásicas, plano de uno, plano de otro, cuando se levantaban, por qué se tiraban a ese lago, por qué había un inserto de la mano acercándose peligrosamente al cajón (seguramente porque había una pistola). He aprendido a hacer cine viendo todas las películas clásicas y de alguna manera mis obras están cortadas por ese patrón. Seguramente por este motivo cuando se estrenaban en Hollywood las nominaban con cierta facilidad. Decía Robert Wise: «Garci es uno de los nuestros». Es uno de los grandes honores que he recibido a lo largo de mi carrera profesional.

Telegramas cinéfilos (Reino de Cordelia, 2022), una recopilación de los artículos que ha escrito José Luis Garci durante 50 semanas en ABC Cultural

P. Tu último libro es Telegramas cinéfilos, una cuidada recopilación de los artículos que has escrito en ABC Cultural durante unas 50 semanas.

R. Se han publicado todos los viernes durante un año en el ABC Cultural. Solo se han dejado de publicar en verano y en Semana Santa. Tenía previsto hacerlos solo durante un año. Pero han tenido tan buen recibimiento desde el principio que voy a continuar escribiéndolos. 

P. ¿Qué es un telegrama cinéfilo? 

R. No lo sé. Lo único seguro es que esta vez lo voy a escribir todo seguido. Como los telegramas antiguos que decían. «Te quiero mucho, Pepito —STOP—». «No te olvides la maleta —STOP—». «Recuerdos —STOP—». Lo voy a escribir todo seguido, pero sin el stop. Sale lo de la luz de Dreyer, de los cinéfilo que era Hopper, de Kubrick, como al principio la crítica no quería 2001: Una odisea del espacio, el fotógrafo catalán Francesc Català-Roca, que cuando hacía fotos para mí era un director de cine más el fotógrafo catalán… Gustaron tanto que cuando escribí el sexto o el séptimo dije: «Voy a hacer 50». Cuando iba por el 47 le dije a Jesús Egido, de Reino de Cordelia, si le interesaba publicar un libro sobre ellos. Me contestó que le interesaba muchísimo. Y cuando salieron los tres últimos se puso en marcha el libro. Ahora va a salir una segunda edición de Telegramas cinéfilos porque tiene algunos errores. He cometido una errata y una señora se ha dado cuenta de ella. Dije que Märta Torén había muerto de una conmoción cerebral con 35 años y falleció en un accidente de avión. Me he confundido, pero son cosas que pasan.

Para terminar, Juanma, me gustaría darte las gracias, en primer lugar en mi nombre y después en el de los cowboys por el trato tan afectuoso que tienes con nosotros. Te lo digo de verdad, de corazón, por cómo te preocupas y haces que ese programa tenga una mayor difusión. Una divulgación que, sin duda alguna, no la tendría sin tu ayuda. También te quiero agradecer todo lo que me ayudas, en el tema de las camisetas, en todo este tipo de cosas de las que no me suelo enterar de casi nada. Me suelen llaman Noemí Guillermo o Luis Alberto de Cuenca, que están más cerca de las redes sociales, cuando se enteran de que ha salido una entrevistada que me han hecho. No tengo redes sociales. No tengo teléfono móvil. No me he acercado nunca a Internet. Que sería lo suyo. 

P. Gracias a ti, querido y admirado maestro José Luis, porque eres uno de mis grandes maestros en el mundo del cine y de la escritura.

[Este polivalente cineasta español me ha dejado una semblanza ejemplar de su vida, su trabajo y sus preferencias cinematográficas. José Luis Garci es uno de los grandes de la historia del cine español, marcando una época irrepetible. Me ha vuelto a tratar, una vez más, con una delicadeza exquisita propia de su enorme calidad humana. Por todo lo que significas para mí ¡muchas gracias José Luis!]

[Muchas gracias a Anabela Medrano (Nickel Odeón), Filmoteca Española y Nacho López (Fotógrafo) por su inestimable colaboración en la elaboración de esta entrevista].

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6 comentarios

  1. No me canso de oír, de leer, de ver, al maestro Garci. Desprende cine por todos los poros de su piel y, sobre todo, transmite amor por el cine clásico. Gracias a él, muchos, entre los que me encuentro, nos acercamos al cine cada vez con más pasión.
    Gracias por la magnífica entrevista.

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