Cultura, Cine y Literatura

III Premios Cinemasmusic 2020: crónica de un éxito rotundo y merecido. Parte II de IV

Albacete, el Nueva York de La Mancha

En el Cine Capitol (Filmoteca de Albacete) durante la segunda jornada de los III Premios Cinemasmusic

El escritor alicantino José Martínez Ruiz Azorín, quien amó a Albacete y a sus gentes y le dedicó epítetos como «Nueva York de La Mancha», por las luces de fábricas y silos, o Albacete, siempre» que funcionan como bandera de la ciudad por España. También escribió el libro Castilla donde describió la situación de los «hombres melancólicos que viven en llanuras áridas, sin caminos, sin árboles, sin casas confortables». Albacete es una ciudad grande en el horizonte, pero pequeña en la intimidad y de gran arraigo cultural , en la que he descubierto un festival de cine cercano, donde el participante de la pasión por el cine y su música en estos premios.

Llegué a Albacete el viernes 11 de marzo para disfrutar de los tres últimos días de los III Premios Cinemasmusic 2022. Aunque tuve que abandonar esta tierra abierta y acogedora el domingo 13 por la mañana debido a un imprevisto de última hora. Juan Ramón López, el organizador del festival, me estaba esperando en la Papelería Sanz, un lugar entrañable donde han colaborado en la confección de los premios. Después de almorzar con Juan Ramón, el motor del festival tuvo que dejarme unos instantes para ir a recoger a Eduardo Torres-Dulce y Julio Medem. Quedamos en vernos a las 17:00 horas en el Cine Capitol (Filmoteca de Albacete), donde Popular Libros instaló un stand para que el escritor y crítico de cine Eduardo Torres-Dulce pudiera firmar ejemplares de su último libro: El asesinato de Liberty Valance. Me gustaría destacar la amabilidad y simpatía de todos los profesionales que trabajan en el Cine Capitol (Filmoteca de Albacete) por el trato tan bueno que me dieron las dos veces que estuve allí.

El hombre que firmó más libros que nunca

Eduardo Torres-Dulce a su llegada a Albacete posando con un Mercedes-Benz cedido por Automóviles Villar

Las actividades del segundo día también transcurrieron íntegramente en el Cine Capitol (Filmoteca de Albacete). La jornada arrancó con una firma de ejemplares de El asesinato de Liberty Valance por parte de su autor, Eduardo Torres-Dulce, un cowboy de medianoche de pura cepa, que hizo todo lo posible para estar en el festival, a pesar de tener una agenda apretada durante todo el año. 

Sus múltiples seguidores hacían cola para poder conseguir una dedicatoria y hablar con el autor. Eduardo firmó incansablemente ejemplares de El asesinato de Liberty Valance durante casi una hora. Le escuché decir que nunca había firmado tantos libros y que estar en Albacete era motivo de orgullo. No obstante, la mayoría de sus admiradores llevaron otras de sus obras para que estampara su rúbrica en ellas. Su último libro está teniendo una aceptación bastante buena y ya va por su sexta edición. Aunque el sector del libro está pasando por un gran momento, no es tan fácil como parece vender tantos ejemplares de una misma obra.  La firma de puño y letra del autor dota al libro de un aura especial, lo hace un ejemplar único. Lo diferencia de los miles de volúmenes iguales que salieron de la imprenta junto a él, convirtiéndolo en una pieza de colección, un objeto de deseo, un tesoro. 

Eduardo Torres-Dulce no paró de firmar ejemplares de El asesinato de Liberty Valance durante casi una hora

Eduardo tuvo la amabilidad de firmarme su último libro y le comenté brevemente (el tiempo apremiaba, había muchísima gente esperando destrás de mí) algunas cosas, entre ellas la enorme admiración que le profeso desde los tiempos de ¡Qué grande es el cine! y que todos los viernes escucho Cowboys de medianoche.

50 años de El hombre que mató a Liberty Valance: la tragedia del héroe fordiano

Juan Ramón López y Eduardo Torres-Dulce durante la presentación de El hombre que mató a Liberty Valance (1962), la última obra maestra de John Ford

Acto seguido, Eduardo entró en la sala para presentar, junto a Juan Ramón López, El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962), el penúltimo wéstern dirigido por el gran maestro John Ford. Juan Ramón le dijo que le recordaba mucho a Ransom Stoddard En la charla reivindicó el papel de los personajes femeninos en las películas de John Ford. Siempre se ha dicho erróneamente que el cine de este gran maestro defiende los valores de las comunidades masculinas y la presencia de mujeres en sus obras es secundario o decorativo. Eduardo considera que Hallie (Vera Miles) es el personaje central de la historia por encima de los mismísimos John Wayne (Tom Doniphon) y James Stewart (Ransom Stoddard), dos de las grandes estrellas de Hollywood en aquellos momentos, exponiendo de manera convincente los argumentos y razones que le han llevado a esta inesperada conclusión. Yo me inclino más por estas declaraciones que John Ford le realizó a Peter Bogdanovic: «Jimmy Stewart tenía más escenas, pero Wayne era el personaje central, el motivo de todo».

Eduardo Torres-Dulce piensa que Hallie (Vera Miles) es el personaje central de El hombre que mató a Liberty Valance por encima de los mismísimos John Wayne (Tom Doniphon) y James Stewart (Ransom Stoddard)

Eduardo nos contó que John Ford necesitaba la ayuda de John Wayne para que Paramount Pictures diera luz verde a El hombre que mató a Liberty Valance. La productora le dijo a Ford que si no podía conseguir a este actor no harían la película. Pensaban que sin Wayne al frente del reparto este filme perdería una cantidad enorme de dinero. El tándem Ford-Wayne era una marca reconocida en todo el mundo. Sin embargo, Wayne ya no quería trabajar con su antiguo mentor. Estaba harto de los malos modales y comportamientos nada éticos de su maestro. Pero le debía todo su éxito a este hombre y no podía dejarlo abandonado. Muy a su pesar firmó para protagonizarla.

Con la intención de humillar al tipo que le consiguió el trabajo en este filme, Ford se portó como un auténtico bastardo con Wayne. No paró de llamarlo mal actor durante todo el rodaje. Wayne ya no era un intérprete sin experiencia, como lo había sido en La diligencia (1939), donde Ford necesitaba humillarle constantemente para conseguir de él una buena interpretación. Como actor experimentado y de gran éxito, sabía exactamente lo que estaba haciendo. 

Sin embargo, Ford sabía dónde colocar el dedo en la llaga. Hurgó en la única herida que todavía le dolía: insultó y humilló a Wayne por no haber participado en la #SegundaGuerraMundial, comparándolo con James Stewart, que había tenido un historial de guerra muy brillante. Ford estaba todo el rato de mal humor en el set, creando tensión entre los actores, tratando a su antiguo protegido peor que nunca, comportándose como un maleducado durante todo el rato. Esta era la única manera que tenía Ford para mantener el control de la producción, porque en los años 60 Wayne tenía mucha más influencia en este negocio que él.

John Ford no paró de llamar mal actor a John Wayne durante todo el rodaje de El hombre que mató a Liberty Valance con la intención de humillar al tipo que le consiguió este trabajo

Para Eduardo «en John Ford ningún plano es superfluo, ninguna secuencia puede entenderse aislada del conjunto armonioso», ya que el cineasta estadounidense «cuenta siempre la realidad tras la leyenda y descubre silenciosamente el corazón y los sentimientos de los personajes, por mucho que su apariencia exterior prevenga contra ello». El hombre que mató a Liberty Valance marca el final de una época y el fin de unos hombres que, como Tom Doniphon o Liberty Valance, desaparecen con ella, sustituidos por personajes como Ransom Stoddard, cuyas únicas armas son el código de legislación, la ley moral, la palabra, la prensa, las urnas, el supuesto progreso. La historia de estos personajes (antihéroes olvidados, forajidos y héroes de papel) supone el cierre de la frontera, el viejo Oeste ya es un recuerdo, son simples leyendas que sirven para construir el devenir de los Estados Unidos.

John Wayne como Tom Doniphon en una fotografía publicitaria de El hombre que mató a Liberty Valance

Me senté justo detrás de Eduardo Torres-Dulce y volví a emocionarme por enésima vez (ya he perdido la cuenta de las veces que he visto esta obra maestra) con mi escena favorita de El hombre que mató a Liberty Valance, aquella en la que Tom Doniphon observa como Hallie cubre las heridas de Ransom Stoddard después de que este último haya matado a Liberty Valance (Lee Marvin). El Duque enseguida se da cuenta de que Hallie nunca se casará con él, jamás será suya. El personaje acaricia la tragedia cuando, tambaleándose borracho, se dirige a su casa y, en un momento de rabia, le prende fuego a la habitación que estaba preparando para los dos. Se sienta en un sillón, resignado a morir, y solo la intervención de su ayudante y fiel amigo Pompey (Woody Strode) impide el fatal desenlace. 

Pese a esta escena, Tom Doniphon es un hombre con una fortaleza física y mental tremenda, amable e incluso perspicaz, que derrocha ingenio e ironía al hablar. Al igual que en Centauros del desierto (1956), también de John Ford, los espectadores simpatizan con un personaje que se queda sin la chica, destruye su hogar y pierde el rumbo. Un cariño que es más evidente con la insinuación de que Hallie lo sigue amando. El momento más importante del filme es la revelación final: Doniphon, no Stoddard, fue quien mató a Liberty Valance. 

En otro flashback. Doniphon parado en las sombras con su rifle, derribando a Liberty Valance antes de que pueda asesinar a Stoddard. Doniphon se convierte en un salvador heroico, pero con el dramatismo añadido de que su acción pasó completamente desapercibida. John Ford le regaló a John Wayne uno de los personajes más complejos, dramáticos y maravillosos de toda su carrera profesional. Tom Doniphon es, como Liberty Valance y sus esbirros, un hombre de la frontera que todavía se guía por los códigos del viejo Oeste. Este héroe sombrío no está preparado para los cambios que trae la imparable civilización (leyes, política, cultura, ferrocarril y una visión más amplia del mundo). Triste final para uno de los héroes fordianos más emblemáticos. El Duque nunca se sintió metido en la piel de este personaje. A pesar de encabezar los títulos de crédito y recibir más del doble del salario de James Stewart, pensaba erróneamente que el protagonista de la cinta era su gran amigo Jimmy y no él.

Una banda sonora de la que nadie se acuerda

John Wayne y James Stewart en una escena de El hombre que mató a Liberty Valance

La banda sonora de El hombre que mató a Liberty Valance la firmó el compositor británico Cyril J. Mockridge, quien había debutado en el cine en 1933, dejando su huella musical en clásicos como El signo del zorro, Jennie, Incidente en Ox-Bow, Pasión de los fuertes, De ilusión también se vive, La novia era él, Cómo casarse con un millonario, Río sin retorno, Papá, piernas largas o Bus Stop

A Juan Ramón el tema principal de El hombre que mató a Liberty Valance le recuerda mucho al que compuso Alfred Newman para El vengador sin piedad (1958), de Henry King. Y no le falta razón. Hay que tener en cuenta que Cyril J. Mockridge estuvo trabajando algunos años como compositor del personal de 20th Century Fox, colaborando estrechamente con Alfred Newman y el hermano de Alfred, Lionel. También coincido con él en que es una película que tiene muy poca música

Aunque la banda sonora de la película fue compuesta por Cyril J. Mockridge, en las escenas donde se muestran las relaciones de Hallie con Tom Doniphon y Ramsom Stoddard, John Ford repitió Ann Rutledge Theme, de Alfred Newman, un tema que había utilizado en 1939 en El joven Lincoln. Pappy usó este tema en ambas películas para evocar el deseo reprimido y el amor perdido. Además recopila el anhelo, materializa la fallida relación amorosa entre Hallie y Tom Doniphon, el creciente amor entre Hallie y Ranse Stoddard, y la pérdida traumática experimentada por Hallie por su elección de uno sobre el otro, ninguno de los cuales está evidentemente estructurado por el diálogo. A pesar de que la música es lo menos destacable de esta obra maestra, al año siguiente este compositor volvería a trabajar con John Ford en La taberna del irlandés

Eduardo Torres-Dulce recibiendo bastante emocionado el III Premios Cinemasmusic 2022

Después de presentar la película, Eduardo Torres-Dulce recibió su merecido premio (el sábado 12 de marzo no podía estar en la gala por temas familiares) y tuvo que abandonar rápidamente Albacete después de la proyección. Estaba tan emocionado por recibir este galardón que le costó un poco de trabajo pronunciar el nombre de los premios en un par de ocasiones.

Familias unidas por lazos de sangre

El árbol de la sangre (2018), la última película de Julio Medem, «es un árbol en cuyas ramas florecen otras historias mucho más profundas todavía desconocidas por sus dos protagonistas»

Tras El Hombre que mató a Liberty Valance, a las 20:30 horas, se proyectó en el Cine Capitol (Filmoteca De Albacete) El árbol de la sangre (2018) y su propio director, Julio Medem, fue el encargado de presentarla. El cineasta vasco llegó acompañado de Montse Sanz, su esposa y directora de arte de muchas de sus películas. Nos confesó que no suele ver sus obras y le dio las gracias varias veces a Juan Ramón López por ser uno de los premiados en los III Premios Cinemasmusic 2020. Y lo hizo dejando bien claro que «me encanta la relación entre el cine y la música que tienen estos premios».

Julio considera que El árbol de la sangre (2018) «es un árbol en cuyas ramas florecen otras historias mucho más profundas todavía desconocidas por sus dos protagonistas». Todas las familias tienen secretos, algunos más sórdidos que otros. Ese es el tema principal de El árbol de la sangre. El filme narra la historia de dos familias y de cómo llegaron a unirse de forma inexorable. Los dos actores principales (Álvaro Cervantes y Úrsula Corberó), secundados por un impresionante plantel de actores de reparto, llevan todo el peso del largometraje de manera absolutamente brillante, dejando de lado los irregulares papeles televisivos a los que nos tienen acostumbrados. Marc y Rebeca son una pareja de jóvenes que viaja hasta un antiguo caserío vasco que perteneció a su familia. Allí escribirán la historia común de sus raíces familiares, creando un gran árbol genealógico donde se cobijan relaciones de amor, desamor, sexo, locura, celos e infidelidades, bajo el que cohabita una historia repleta de secretos y tragedias.

Julio Meden junto a Lucía López

Con El árbol de la sangre Julio Medem retorna a ese cine poético y terrenal, que rompe cualquier barrera moral o lógica narrativa, con el que lleva tantas décadas entusiasmando a sus admiradores. Una forma de hacer cine arriesgada, que se columpia al borde de un precipicio, aunque se alimenta de lo clásico, esos personajes soberbios que dirigen toda su atención a sus pensamientos alejándose de todo que les rodea, ese estudio detallado de la locura, ese surrealismo mágico empeñado en mostrar lo irreal como algo normal. Una obsesión por convertir lo inusual en algo cotidiano que Julio nunca se ha podido quitar de la cabeza.

Hay que aceptar el universo Medem para amar su cine, de lo contrario es normal que uno se aleje de su propuesta y no quiera jugar la enrevesada partida, propuesta de libertad radical donde el bien y el mal, la vida y la muerte, la violencia y la locura acaban fusionándose. Un vitalismo en términos nietzscheanos donde el público, lo mismo que todos sus personajes, tiene que saber vivir sumido en el caos

Sin música no hay paraíso

Álvaro Cervantes y Úrsula Corberó en el estreno mundial de El árbol de la sangre

Juan Ramón López repitió en varias ocasiones que «es imposible entender el cine de Julio Medem sin música». Julio ha trabajado con una serie de compositores impresionantes Mikel Laboa, Jocelyn Pook… y sobre todo Alberto Iglesias. En esta ocasión, ha recurrido Lucas Vidal, uno de los compositores españoles con mayor reconocimiento internacional, para ponerle música a sus imágenes. La banda sonora exquisita de Lucas ayuda a entender las escenas, a la vez que mejora el vínculo narrativo y la intensificación emocional de la película. La música es un elemento sumamente importante en El árbol de la vida, porque dota y refuerza la expresividad de determinados pasajes del largometraje. Y lo consigue gracias a un leitmotiv claro y acertado, por momentos melancólico, por momentos enigmático.

Tanto las canciones de Macarena La Maca (Najwa Nimri), como los momentos de los llantos, voces o, simplemente el repertorio de sonidos ambientales son espectaculares. Lucas consigue crear una atmósfera que profundiza en la relación de la banda sonora con la imagen para entender la película de la misma manera sin la ayuda de los diálogos. Su trabajo no fue lo suficientemente valorado en su día y muchos críticos dijeron que abusó demasiado de la música durante todo el metraje de la cinta.

Con solo 38 años Lucas ya ha ganado un premio Emmy por el tema musical de la cadena de televisión ESPN para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y dos Premios Goya, los cuales recibió con apenas cinco minutos de diferencia en la edición de 2016. Recogió el primero a la mejor canción original, junto al cantante Pablo Alborán, por Palmeras en la nieve y el segundo por la música de Nadie quiere la noche.

El gran debate

Julio Medem y Juan Ramon López durante el largo e interesante debate que hubo después de la proyección de El árbol de la sangre

Al finalizar la película, después de firmar algunos ejemplares de sus novelas, disfrutamos de un largo debate con Julio Medem y Juan Ramón López como moderador. Los allí presentes recibimos un trato amable y cercano (incluso me atrevería a decir que entrañable) en todo momento por parte de Julio, estando siempre a nuestra disposición para ir contestándonos a todas las preguntas que le íbamos formulando. Por este tipo de gestos se ganó la admiración del público. Al principio del debate me dejé llevar por el entusiasmo y no paré de hacerle preguntas a Julio. Le dije que la película me había gustado mucho más que la primera vez que la vi. Reconozco que me equivoqué al no valorarla lo suficiente cuando se estrenó en 2018. 

Entre otras muchas cosas, Julio dijo que está muy contento con el resultado final de la película (quedó como él la tenía planificada desde el primer momento) y que El árbol de la sangre pone punto y final a una etapa e inicia otra en la que quiere hacer un tipo de cine completamente diferente. Juan Ramón nos contó que le dio a elegir a Julio entre Lucía y el sexo y El árbol de la sangre. El cineasta vasco eligió esta última porque no es tan conocida como otras de sus obras y tuvo un recorrido muy corto en las salas de cine, aunque en las plataformas digitales funcionó bastante bien, sobre todo durante el confinamiento. Julio me confirmó que su última película es un compendio o ejercicio de retrospectiva de todas sus obras anteriores. 

Asimismo, supimos que la hija mayor de Juan Ramón, Lucía López, se llama así en homenaje a Lucía y el sexo, su película más exitosa. También afirmó que Julio «es un realizador maravilloso, que siempre nos ha emocionado una infinidad a través de sus maravillosas películas». Otros dos actores iban a ser la pareja protagonista de la cinta, pero Julio no quiso dar los nombres por respeto. Aunque nos dio la exclusiva de que está trabajando en una película, un proyecto televisivo y otra novela no pudo dar más detalles sobre estos proyectos.

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