Cultura, Cine y Literatura

60 años de «El hombre que mató a Liberty Valance»: El fin de una era

John Ford, John Wayne y James Stewart durante el rodaje de El hombre que mató a Liberty Valance

Se cumplen seis décadas del estreno del estreno de El hombre que mató a Liberty Valance, la película que acabó con el wéstern clásico

El filme está considerado por muchos críticos como el primer wéstern crepuscular, la desmitificación del género rodada por el mismo director que lo elevó a la máxima categoría

Esta obra maestra expone más matices que ningún otro wéstern y sin duda es el más relevante de la historia del cine

John Wayne acude al rescate de su mentor 

Sin la presencia de John Wayne hubiera sido imposible rodar El hombre que mató a Liberty Valance

Después de perder hasta la camisa con El Álamo (The Alamo, 1960) y ver desaparecer los frutos de su larga carrera por la negligencia de su gerente comercial, Bo Roos, John Wayne estaba casi arruinado. Su reputación y su popularidad seguían manteniéndose firme. Paramount Pictures acudió al rescate y le ofreció un contrato por diez películas, aliviando un poco sus preocupaciones económicas. ¡Hatari! (1962), de Howard Hawks, fue el primer largometraje que rodó bajo este nuevo contrato con el estudio que produjo dos de sus mejores películas de los años 40: El pastor de las colinas (The Shepherd of the Hills, 1941), de Henry Hathaway, y Piratas del mar Caribe (Reap the Wild Wind, 1941), de Cecil B. DeMille. Sin embargo, antes tuvo que cumplir un compromiso que tenía con 20th Century Fox y rodar Los comancheros (The Comancheros, 1961). Este estupendo wéstern fue la última película que dirigió el legendario cineasta Michael Curtiz (Casablanca, Robin de los bosques). Durante gran parte del rodaje, Curtiz estuvo gravemente enfermo (murió de cáncer poco después del estreno de la película). En los días en que el director estaba demasiado cansado para trabajar, John Wayne se hizo cargo de la dirección de la película. Cuando finalizó el rodaje, le dijo al estudio que no quería aparecer en los títulos de crédito como codirector e insistió en que solo el nombre de Curtiz apareciera como director. A Los comancheros le fue bastante bien en la taquilla. La crítica tampoco la trató excesivamente mal. Pero Wayne seguía atormentado por el espectro de la ruina financiera, algo que había presenciado de primera mano cuando su padre fracasó en el negocio farmacéutico y terminó trasladando a la familia a una granja en el desierto de California, un lugar que Wayne odiaba. Estaba muerto de miedo ante la posibilidad de no poder mantener a su querida familia y antepuso el trabajo a todo lo demás, aunque pensó que lo estaba haciendo por el bien de ellos. En ese momento, la relación con Pilar, embarazada de nuevo después de tres abortos espontáneos, se fue tambaleando y estaba al borde de la ruptura. Los abortos naturales la habían dejado bastante deprimida, y con su marido trabajando día y noche para restaurar sus finanzas, se sintió sola y abandonada. Ella recurrió al trabajo de caridad, involucrándose con asociaciones que recaudaban fondos para niños discapacitados. Pero cuanto más se obsesionada Wayne con el trabajo y con la restauración de su bienestar financiero, más aislada se sentía. Pilar no dudaba de que Wayne la amaba y la respetaba. El Duque continuó trabajando sin descanso para mantener a Pilar y a su amada hija Aissa, además de brindar apoyo financiero para su primera esposa y sus cuatro hijos.

Howard Hawks llevaba muchos años queriendo rodar una película en África. Después del enorme éxito que obtuvo con Río Bravo en 1959, decidió que había llegado el momento adecuado. Con ¡Hatari! nos regala una joya aparentemente lúdica, aunque profundamente nostálgica y hasta melancólica, con la sonrisa perenne y el adiós a punto de amanecer, con la celebración de la risa, la aventura, el romance y, sobre todo, la amistad. la camaradería, la lealtad, el humor, la humanidad y la luminosidad. Sean Mercer (un John Wayne magnífico, increíblemente natural y ajeno a todo divismo), un cazador que recorre el mundo capturando animales para venderlos a los zoológicos, reúne a un grupo de cazadores en las llanuras de Tanganika, para cazar cebras y jirafas. La aparición de una fotógrafa (Elsa Martinelli), que pide unirse al grupo, modificará las relaciones y provocará tensiones dentro del equipo. Hawks plantea el enfrentamiento entre los sexos en buena parte de su filmografía. Siempre solía basar sus comedias en la guerra de sexos, mientras que en sus wésterns y películas de aventuras, enfatizaba los valores de la camaradería entre hombres. En ¡Hatari!, el director fundió ambos conceptos. De hecho, la película es una mezcla entre la comedia ligera y la acción más trepidante. La cinta se caracteriza por la internacionalidad de su reparto, en el que confluyeron actores estadounidenses, franceses, italianos y alemanes, con mención especial para la exmodelo italiana Elsa Martinelli (Pacto de honor). Las peripecias de este conjunto de personajes están amenizadas por la música de Henry Mancini (La pantera rosa), que se hizo muy popular en su día. Hatari significa peligro en suajili y el Duque justificó este título rodando las escenas peligrosas con los animales salvajes sin utilizar dobles. Hizo un gran trabajo y siempre estuvo muy orgulloso de esta película. Wayne estaba relajado y feliz. Salir del país y alejarse de todas las polémicas que había suscitado El Álamo, principalmente por supuestas cuestiones políticas, fue sin duda bueno para la salud de Wayne. Pilar y Aissa estuvieron allí durante las primeras semanas de un rodaje que duró cuatro meses. 

Al igual que sucedió con El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952), John Ford necesitaba la ayuda de su antiguo protegido para que Paramount Pictures diera luz verde a El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962). La compañía productora y distribuidora de cine fundada por Adolph Zukor le dijo a Ford que si no podía conseguir a John Wayne no la harían. Pensaban que sin Wayne al frente del reparto esta película perdería una cantidad importante de dinero. El tándem Ford-Wayne era una marca reconocida en todo el mundo. Sin embargo, el Duque ya no quería trabajar con el Viejo (como empezó a llamarle despectivamente a partir de finales de los años 50). Estaba cansado de los malos modales y comportamientos poco éticos de su antiguo maestro y mentor. Pero le debía todo a este hombre y no podía dejarlo en la estacada. En 1962, Ford fue contratado por Paramount para dirigir El hombre que mató a Liberty Valance, con John Wayne y James Stewart como protagonistas. Lee Marvin, quien había trabajado anteriormente con Wayne en Los comacheros interpretando a un traficante de armas, fue elegido para el papel del matón sádico Liberty Valance. A pesar de contar con dos estrellas de la magnitud de Wayne y Stewart, Paramount no estaba muy convencida del éxito de la película y empezó a reducir costes. Se filmó en blanco y negro en vez de en color. A diferencia de muchas de las obras maestras anteriores de Ford, la mayor parte de esta película no se rodó en exteriores sino en interiores en el estudio de Hollywood de Paramount. De lo contrario, habría rodado en Monument Valley o Bracketville y en color. Ford tuvo que aceptar estos términos para rodar la película. Esta restricción presupuestaria aumentó las tensiones en el set, donde Ford y Wayne chocaban incesantemente. Filmar El hombre que mató a Liberty Valance no fue una experiencia gratificante para ninguno de los dos. Quizá porque Ford sabía que necesitaba a Wayne para garantizar la rentabilidad de la película y por eso se portó de esa manera. Con la intención de humillar al tipo que le consiguió el trabajo en esta película, se portó como un bastardo con Wayne. No paró de llamarle mal actor durante todo el rodaje. No quería pensar que Wayne le estaba haciendo ningún favor. Esto no enfureció a Wayne que ya no era un actor sin experiencia, como lo había sido en La diligencia (Stagecoach, 1939) y en innumerables películas anteriores, donde Ford necesitaba avergonzarle para obtener una buena actuación. Como actor experimentado y de gran éxito, sabía exactamente lo que estaba haciendo. Sin embargo, Ford tenía guardado un as en la manga y sabía dónde colocar el dedo en la llaga. Hurgó cruelmente en la única herida que todavía le dolía: insultó y humilló a Wayne por no haber luchado en la Segunda Guerra Mundial, comparándole desfavorablemente con James Stewart, que había tenido un distinguido historial de guerra. Ford le preguntó a Stewart frente a Wayne: «Cuántas veces arriesgaste tu vida por tu país, Jimmy?». Para luego preguntarle a Wayne: «¿Qué tan rico te hiciste mientras Jimmy arriesgaba su vida?». Wayne era consciente de que Ford no estaba contento con aceptar los términos tan estrictos de producción de Paramount. Estaba todo el rato de mal humor, creando tensión en el set entre los actores, tratando a Wayne peor que nunca, portándose como un verdadero bastardo. Simplemente siendo un hijo de puta. Parte del abuso podría explicarse como la forma que tenía Ford para mantener el control de la producción, especialmente porque ahora Wayne tenía mucha más influencia en el negocio del cine que él. 

El héroe trágico

John Wayne es el verdadero protagonista de El hombre que mató a Liberty Valance, aunque James Stewart tiene más escenas en la película

La película arranca varios años después de la acción principal, cuando el senador Ransom Stoddard (James Stewart) y su esposa Hallie Stoddard (Vera Miles) llegan a la pequeña localidad de Shinbone para asistir a un funeral. El difunto es alguien muy especial para ambos, pero completamente desconocido para unos curiosos periodistas que están sorprendidos por la presencia del político en la ciudad. Un largo flashback nos explicará la historia de aquel hombre llamado Tom Doniphon.

Saber mirar es la mejor forma de medir la calidad de un actor. La mirada de John Wayne dice a menudo mucho más que sus palabras. Cuando Liberty Valance le pone la zancadilla a Ransom Stoddard, quien ha tenido que cerrar su despacho por falta de clientes y ponerse a trabajar como lavaplatos en la cantina del sueco, un bistec cae al suelo. Tom se levanta de su mesa y se enfrenta al asesino. «¡Ese es mi bistec, Valance! ¡Recógelo!», le ordena mientras sus manos se preparan para disparar. Ni siquiera el sanguinario Valance es capaz de hacerle frente cuando la ira asoma por sus ojos azules. En una conmovedora subtrama, Doniphon está construyendo una habitación adicional en la casa de su rancho fronterizo para poder casarse con Hallie, su interés amoroso, interpretado por una espléndida Vera Miles. Stoddard la ha enseñado a leer, le ha dado la llave que abre la puerta a nuevos mundos, mostrándole que hay otras formas de hacer justicia sin necesidad de utilizar la fuerza bruta. Mientras mantiene una debilidad en su corazón por Doniphon, Hallie se casará con este nuevo tipo de héroe. Así como Hallie tiene que elegir entre sus dos pretendientes Doniphon le enseña a Stoddard la manera de manejar un arma. Es otro papel de mentor para Wayne, enseñarle al abogado sin experiencia a disparar, pero uno más complejo debido a su interés mutuo en Hallie. Puede estar perdiendo a Hallie por el joven abogado. Cuando Doniphon le gasta una broma a Stoddard haciéndole disparar a una lata de pintura que le salpica por completo, Stoddard golpea a Doniphon en la mandíbula. Tom renuncia a la felicidad para hacer feliz a la mujer que ama cuando advierte que ella admira a Stoddard. Podría actuar según su código y tal vez matar a ese tipo o permitir que lo haga Liberty Valance, pero su conciencia le conduce al drama de la soledad porque entiende que no puede competir con las nuevas ideas que trae este joven abogado. Para decirlo de una manera poética, mientras Ransom le explica a Hallie qué bellas son las rosas, Tom solo puede ofrecerle una flor de cactus. Curiosamente, es lo primero que busca ella cuando acuden a su funeral, lo que demuestra, amargamente, que en realidad amaba a Doniphon y hubiese sido más feliz a su lado.

Fotografía publicitaria de Lee Marvin como Liberty Valance en El hombre que mató a Liberty Valance

Mi escena favorita de El hombre que mató a Liberty Valance es aquella en la que Tom Doniphon observa como Hallie cubre las heridas de Stoddard  después de que este último le haya plantado cara a Liberty Valance. Ahora sabe que Hallie nunca se casará con él. El personaje acaricia la tragedia cuando, tambaleándose borracho, se dirige a la habitación que estaba construyendo para Hallie y en un momento de rabia le prende fuego. Se sienta en un sillón, resignado a morir, y solo la intervención de su ayudante y fiel amigo Pompey (Woody Strode) impide el fatal desenlace. Pese a esta escena, Doniphon es un hombre con una fortaleza física y mental formidable, afable e incluso ocurrente, cargado de ingenio y cierta dosis de ironía al hablar. Al igual que en Centauros del desierto (The Searchers 1956), el público simpatiza con un personaje que pierde a la chica, destruye su hogar y pierde el rumbo de su vida por completo. Una simpatía que se profundiza todavía más con la sugerencia de que Hallie todavía se preocupa por él, tal vez incluso le ama. No obstante lo más importante del filme es la revelación final de que fue Doniphon, no Stoddard, quien mató a Liberty Valance. En otro flashback, Doniphon parado en las sombras con su rifle, derriba a Valance antes de que pueda asesinar a Stoddard. Doniphon recupera la estatura de un salvador heroico con el patetismo añadido de que su acción pasó desapercibida. El misterio del filme es por qué Doniphon, quien podría tener la oportunidad de recuperar a Hallie, nunca deja las cosas claras. Él le permite irse con Stoddard, creyéndole un héroe por derrotar a Liberty Valance. ¿Por qué Doniphon ha admitido la derrota con tanta facilidad? ¿Por qué deja que su rival prevalezca en todas las cosas? Quizá su ataque furtivo a Liberty Valance le hubiera llevado a un juicio por asesinato si se hubiera hecho público. O tal vez reconoce que las viejas formas del lejano Oeste están cambiando y que su manera de mantener el orden es arcaica. John Ford no da más detalles, pero hay una cosa de la que estoy seguro: Doniphon es el verdadero héroe de la película, el héroe que permanece olvidado. Y Stoddard tiene que vivir sabiendo que su reputación se basa en una mentira. La modesta decisión de Doniphon tiene sus raíces en el arquetipo heroico que Ford y Wayne crearon juntos a partir de La diligencia. En pocas palabras, los héroes no se jactan. Habría sido antideportivo para Doniphon apoderarse de la gloria de Stoddard, sin importar la verdad de la situación. Aunque suponga un gran coste personal. Está dispuesto a permitir que Stoddard se lleve la gloria que debería haber sido para él. Esta verdad no se hace pública hasta el final de la película, cuando Stoddard le da una entrevista a un joven periodista, describiendo lo que realmente sucedió. A punto de apresurarse a imprimir la historia real, su editor le dice que no lo haga. «Cuando la leyenda se convierte en realidad, imprime la leyenda». Frase que muchos críticos y cinéfilos suelen malinterpretar en general porque tiene un sentido irónico.

John Wayne, el viejo Oeste, y James Stewart, el nuevo Oeste en una fotografía publicitaria de El hombre que mató a Liberty Valance

La historia está llena de mitos que desplazan la verdad. Como Howard Hawks y Alfred Hitchcock, John Ford volvió infinidad de veces a los mismos temas a lo largo de su extensa y fructífera carrera. Y el valor del mito lo volvería a tratar nuevamente en El hombre que mató a Liberty Valance. Para Ford la leyenda, el mito, es más importante que la verdad. Este es uno de los primeros wésterns en desafiar la leyenda de que, sin importar cómo se haya alcanzado la gloria, a menudo estaba lejos de la fría verdad de los hechos. El viejo maestro simpatiza con John Wayne y el viejo Oeste. Wayne fue el personaje central, el motivador de todo. Aunque James Stewart tiene más escenas en la película. Es una de las pocas veces en toda la historia del cine en la que el héroe no gana y el ganador no es heroico. Considero que El hombre que mató a Liberty Valance es el primer wéstern verdaderamente ambiguo, revisionista en realidad, en el que se cuestiona la idea misma del heroísmo. En cierto sentido, cada uno de los dos personajes principales es la mitad de un hombre y sus dos enfoques son incompletos sin el otro: las armas por sí solas no lograrán la paz y la ley debe ser respaldada por la fuerza. Con El hombre que mató a Liberty Valance, Ford marca el comienzo de un período de cambios profundos para el género que ayudó a crear. Al final, Doniphon es un alma perdida sin su amada Hallie, sin la granja que construyó a mano y luego destruyó, sin la gloria de haber matado a un forajido bastante famoso. Stoddard se da cuenta al final de la película de que es un fraude, impulsado al éxito sobre la base de una mentira. Su visión revisionista del héroe de la frontera y su reconocimiento del fin de esa era, se suman a la complejidad y ambigüedad de la obra de Ford y del wéstern mismo. 

Con esta película, sin tener en cuenta su papel de Ethan Edwards en Centauros del desierto, John Ford le regaló a John Wayne el personaje más complejo, dramático y maravilloso de su carrera. Tom Doniphon es, como Liberty Valance y sus esbirros, un hombre de la frontera que todavía se guía por los códigos del viejo Oeste. Este héroe sombrío no está preparado para los cambios que trae la imparable civilización (leyes, política, cultura, ferrocarril y una visión más amplia del mundo). Wayne no se sintió nunca cómodo con este papel. Pensaba erróneamente que el protagonista era James Stewart. «Ford había escogido a Jimmy para el papel de héroe. Tenía a Andy Devine para el humor inteligente. Y a Lee Marvin como el llamativo villano, y, mierda, yo solo me paseaba por la película».

El viejo Oeste ha muerto, larga vida al viejo Oeste

Imagen promocional de John Wayne como Tom Doniphon para El hombre que mató a Liberty Valance

La sucesos planteados por John Ford en El hombre que mató a Liberty Valance funcionan perfectamente en sus aspectos épicos. Aunque lo que la eleva al olimpo de las obras maestras de la historia del cine es su estilo poético, aquel en el que el cineasta del parche en el ojo nos detalla de manera personal el drama personal del personaje de Tom Doniphon, el hombre más duro al sur del río Picketwire; aquel en el que nos descubre mediante un estudio antropológico, en su faceta humana, a un hombre de aspecto intimidante, sonrisa cínica, revólver en su cartuchera, sombrero vaquero polvoriento, andares cadenciosos, espuelas en el talón de las botas y firmeza abrumadora. 

Una máscara invisible envuelve a un hombre romántico e inseguro que no es capaz de declarar su amor a la mujer de su vida. Cada vez que profundizo en la intimidad de Tom Doniphon descubro que su drama y derrumbamiento interior es mucho más trágico e intenso de lo que pensaba en un principio. Además de su sacrificio por la comunidad, está el más profundo y personal que hace por la mujer de la que está enamorado. El personaje encarnado por John Wayne está loco de amor por Hallie, una bonita muchacha del pueblo que trabaja en el restaurante de Shinbone, regentado por unos inmigrantes suecos. La suya es una relación que todo el mundo da por hecha pero que, debido a la discreción o cobardía de Doniphon y la indecisión de Hallie, nunca se ha consumado ni en palabras ni en hechos. Es un amor que los dos personajes viven en el más absoluto silencio. Está relación está basada en miradas y gestos filmados magistralmente por el maestro John Ford. En Shinbone el tiempo pasa demasiado lento,  tanto que Doniphon, con la ayuda de su fiel Pompey está ampliando su modesto hogar con una habitación adicional para cuando se case con Hallie. Sin embargo, los acontecimientos se precipitan con la llegada al pueblo del abogado idealista Ransom Stoddard. Y no solo en el plano social. Enseguida sus ideas captan la atención de Hallie, ya que nunca había visto a nadie tan elegante, culto y educado como él. Stoddard la enseña a leer y escribir. En definitiva, a ampliar su perspectiva de la realidad. Esa atracción es captada por Doniphon, principalmente cuando Hallie le ruega continuamente que le proteja de la furia de Valance. Entonces el duro cowboy decide realizar su sacrificio por amor porque de nuevo, contemplando a Stoddard y a Hallie, considera que su tiempo ya ha pasado, que él ya no tiene nada que ofrecerles ni a la sociedadni a su amada. Ni la puede enseñar a leer ni a escribir ni la puede sacar de la pobreza de una vida triste en un pequeño pueblo del Oeste. El futuro está en Stoddard. «¿Nunca has visto una flor de verdad?», le pregunta Stoddard a Hallie cuando Doniphon le regala con toda la ilusión del mundo una modesta flor de cactus. Hallie le contesta que espera verla alguna vez. Stoddard representa el progreso y la huida de la monotonía del pueblo para ella. De esta manera, tras haber matado a Valance oculto en la oscuridad y descubrir a Hallie encariñada con el valiente abogado que no ha dudado en enfrentarse al villano sabiendo que le aguardaba una muerte segura, Doniphon, en el mayor sacrificio que un hombre puede hacer por una mujer, decide quitarse de enmedio y no interferir en esa nueva relación. Un vínculo que considera más provechoso y positivo para Hallie. Sin duda alguna, es, exceptuando Casablanca (1942), de Michael Curtiz, la muestra de amor más poderosa que he visto en la gran pantalla: renunciar a la propia felicidad por la de la persona amada. Para Doniphon renunciar a Hallie resulta un sufrimiento impresionante, significa destruir su propia vida, echar por tierra su proyecto personal, echar tierra sobre su futuro y perder todas sus esperanzas. Abocarse a una existencia sin sentido, tremendamente triste, dolorosa y solitaria porque Doniphon seguirá siendo fiel y leal al recuerdo de Hallie hasta la hora de su muerte, hasta su reencuentro con el gran amor de su vida metido en una humilde caja de madera de pino, despojado de su revólver y botas. Su amor hacia ella está en todo momento por encima de sus propios intereses y emociones. La felicidad de su amada es lo más importante para él, incluso por encima de su propio futuro. Porque su único proyecto de vida es la persona amada.

Toda la tragedia personal que se desencadena por el sacrificio amoroso de Doniphon la expresa John Ford con una destreza insuperable. Doniphon, borracho, amargado y desesperado llega tambaleándose a su casa y, en un arrebato de ira, decide quemar la habitación que estaba preparando para Hallie. Su vida, felicidad, corazón, sueños y el viejo Oeste son los que están ardiendo. Destroza sin piedad, con sus manos, lo que con tanto amor estaba construyendo. El fuego devastador lo consume absolutamente todo, incluso esas dos mecedoras situadas en el porche en el que pensaba ver pasar el tiempo junto a su adorada Hallie. Unas mecedoras que John Ford muestra en un discreto segundo plano, casi imperceptibles para la mayoría de los espectadores, intentando no caer en la sensiblería fácil. Una carga de profundidad al sentimiento del espectador que ha captado en dos escenas la borrachera en el salón y el incendio de la habitación que preparaba para Hallie, el oscuro y desolador futuro de alcoholismo e interminable soledad y dolor que le al héroe de la película.

Tom Doniphon ha preferido de nuevo anteponer el deber a su propia felicidad. Ya no es ni sombra de lo que fue. Sucio, despeinado, sin afeitar se presenta ante Ransom Stoddard para contarle toda la verdad. Porque lo correcto es lo que se atrevió a hacer Doniphon por un bien que trascendía de sus propios intereses. Esa casa que quedó en ruinas es la misma a la que regresa Hallie, muchos años después, cuando regresa junto a su marido, un importante político afincando en Washington, Ransom Stoddard, para asistir al entierro de Tom Doniphon, el primer amor de su vida. Y la contempla igual, quemada, destruida, sin reparar, como un trágico monumento al sacrificio de un hombre que la amaba con todas sus fuerzas. En sus alrededores han florecido los cactus, la única flor capaz de sobrevivir en la tierra áspera y salvaje del viejo Oeste. El cactus es la representación de Tom Doniphon, el duro y valiente hombre de la frontera. Un cactus florecido es lo que Doniphon le regaló a Hallie en una de las escenas de la película y un cactus es lo que Hallie le ofrece como regalo póstumo al hombre que la amó como nadie en su vida. Hallie la deposita discretamente sobre su ataúd como símbolo del amor que todavía le sigue teniendo. En esos momentos se ha dado cuenta de que hubiera preferido la flor de cactus que le ofrecía Doniphon a las bellas rosas que le daba Stoddard y la civilización. Su expresión, su mirada, su gesto emocionado, triste y melancólico me da a entender que Tom Doniphon fue siempre el dueño de su corazón y que si el pistolero pasó media vida solo, ella le estuvo añorando durante todos esos años, echando en falta una vida que dejó atrás en busca de una prosperidad que, en el fondo, no la hizo feliz. Prefirió caer en brazos de un amor más práctico que le ofrecía leyes, rosas y una buena posición económica que en los de otro más pasional, profundo y verdadero porque salía del propio corazón. «¿Quién ha puesto la flor de cactus sobre el ataúd de Tom?», pregunta Ransom Stoddard en el tren de vuelta a Washington. «Fui yo», responde Hallie sin pensárselo dos veces, con la mirada perdida y el alma llena de nostalgia. Stoddard le propone entonces regresar a Shinbone para pasar sus últimos años de vida allí. «Es lo que he estado soñando toda mi vida porque allí siempre ha estado mi corazón», responde Hallie sin mirar a su marido a los ojos y con una sinceridad pasmosa. Ford rueda una historia de amor inolvidable e intensa historia basada, principalmente, en las miradas y los gestos.

El hombre que mató a Liberty Valance trasciende el sentido amoroso porque John Ford pone bajo sospecha la bondad absoluta del progreso. El progreso aleja a los hombres de su verdadera naturaleza, de sus pasiones más incontrolables y las comprime sin piedad en unas convenciones sociales y maneras que anulan muchos de sus valores, los que representa Tom Doniphon y su bonita relación con Hallie: la lealtad, la ingenuidad y el deber de hacer lo correcto. Por este motivo Doniphon renuncia a representar a Shinbone en el Parlamento democrático. Él prefiere seguir siendo libre, cabalgar por las praderas, no tener que ir a la escuela y mantenerse lo más lejos posible de cualquier convención social.

La respuesta de Hallie en el tren de regreso a Washington hace que Stoddard se dé cuenta de que él no fue el  triunfador la noche que murió Liberty Valance. En realidad fue el perdedor, porque ni fue el hombre que mató a Liberty Valance ni conquistó el amor de Hallie ni tan siquiera la simpatía del espectador que simpatiza con el héroe trágico encarnado por Doniphon. Percibe que su vida se ha construido sobre una mentira, aunque convertida en leyenda porque para todos siempre será el hombre que mató a Liberty Valance, el que acabó con la tiranía de este malvado pistolero. Pero sabe que ha ocupado el lugar de su amigo fallecido y es un héroe falso. Aprovechando su breve regreso a Shinbone muchos años después de aquel episodio, decide contar la verdad sobre quién mató al forajido, que no fue otro que el hombre que reposa en un ataúd mísero en la habitación contigua. Utiliza para ello a su antiguo aliado, la prensa, el medio que se supone que construye realidades sacando a relucir la verdad. Pero Maxwell Scott (Carleton Young), el director del Shinbone Star, no la va a publicar. Le dice a Stoddard, mientras rompe los papeles en los que ha apuntado la historia que el senador le ha contado, que «esto es el Oeste y cuando la leyenda se convierte en realidad, aquí se publica la leyenda». Una nación se construye a través de sus leyendas, se apoya en unas creencias colectivas que unen a los habitantes de un territorio. Lo mejor es no desmentir las leyendas, ya que tienen mucha más fuerza que las verdades.

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10 comentarios

  1. Magnífico artículo que deja en claro no sólo la pasión de su autor por el cine, sino un conocimiento exquisito de la historia del séptimo arte y una pluma maestra que, con estilo elegante y cuidado, combina anécdotas sabrosas, argumentos y análisis minucioso de los personajes.
    Personalmente, me ha resultado de sumo interés, entre otros aspectos, por una mirada muy profunda que ofrece sobre esta película que le da una vuelta de tuerca a los héroes, personajes que suelen ser chatos, sin fisuras ni matices. Su director ( cuya personalidad tan peculiar desconocía) supo darle, me animo a decir, una dimensión trágica a la trama (al estilo de la tragedia griega) a través de los conflictos internos de los protagonistas, mientras que Juanma de la Poza logró rescatar y poner en valor una pieza fundamental de la Historia de la Cinematografía para nuestro deleite.

  2. Como siempre una exquisita y magnífica redacción, y como siempre mi querido amigo haces con tu saber una minuciosa parte de esa vida cotidiana ,humana y menos conocida de actores, directores, en este caso unos grandes con mayúsculas

  3. Cómo estudioso del cine en general, del western en particular, de John Wayne, y un largo etcétera, considero tu artículo como el mejor que haya leído, y digo se lo supere. Felicitaciones y gracias!

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